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“La proporción de la calidad del cine hecho por mujeres es asombrosa”

Los directores Isabel Coixet (‘La librería’), Paco Plaza (‘Verónica’), Carla Simón (‘Verano 1993’) y Aitor Arregi (‘Handia’) debaten a siete días de los premios Goya

Desde la izquierda, los directores Isabel Coixet, Paco Plaza, Carla Simón y Aitor Arregi, candidatos a los Goya, la pasada semana en la redacción de EL PAÍS.

Cinco películas en cuatro idiomas. Esta ceremonia de los Premios Goya, que alcanzarán el próximo sábado 3 de febrero su 32ª edición, será la más políglota. Y de las más diversas. Hay películas de diversos géneros, estilos y con directores de varias generaciones. En la redacción de EL PAÍS se juntaron cuatro de los realizadores cuyos filmes son candidatos al gran cabezón: Paco Plaza (Verónica), Isabel Coixet (La librería), Aitor Arregi (Handia, codirigida por Jon Garaño, que estos días se encuentra en EE UU) y Carla Simón (Verano 1993). Faltó Manuel Martín Cuenca (El autor), que está en Miami filmando un documental sobre el caso Pablo Ibar. Simón es candidata también al galardón a mejor dirección novel; el resto, a mejor dirección, y todos compiten en los apartados a mejor guion original o adaptado (según el caso). Durante la charla hubo risas, miradas de 'habla tú primero', y bastantes opiniones compartidas sobre el presente y el futuro del cine español y sobre el machismo imperante en la sociedad actual.

Isabel Coixet. No creo que haya un cambio de paradigma. Sencillamente es una coincidencia, cosechas y que estas películas han llegado hasta aquí porque son buenas. También me sorprende este terror actual a lo viejuno. En fin, lo asumo. Pero en mi cabeza de mujer de mediana edad hay un niño de siete años.

Paco Plaza. Pues lo mismo no es cambio de paradigma, pero a mí sí me parece que hay una diversidad extraña que refleja la pluralidad actual del cine español. Otros años todo era thriller con Antonio de la Torre triste, o tres películas con Luis Tosar enfadado. Y mira hoy: la fábula tierna que ha hecho Carla, un gigante en euskera... Y fuera están Abracadabra, que es un filme hecho en Marte o un musical como La llamada. Yo sí creo que este cine español de señores serios con problemas con el alcohol este año no está presente en los Goya por primera vez en muchos años. El universo de thriller machirulo este año no aparece. De las cinco películas, tres están protagonizadas por mujeres y otra por un gigante vasco. Quizá esto obedezca a la intención de la Academia de integrar a gente más joven.

Aitor Arregi. Yo también creo que no es un cambio de paradigma, sino la cosecha. Y el año que viene volvemos a las andadas. A veces se dan estas extrañas armonías que no sé de dónde sale, que hace que haya películas parecidas estrenadas a la vez. Lo que sí creo es que la gente sí es honesta votando en la Academia. Y de eso se trata al final: de madurez y honestidad. Que elijas entre las películas que más te hayan aportado. Cierto es que si entra gente nueva habrá más motivación para votar.

I. C. Te hace más ilusión.

Carla Simón. Las academias van asociadas a gente mayor, así que la llegada de jóvenes es muy positiva. Yo no soy académica, y este año lo pasaría fatal votando. ¿Cómo comparas a estas películas?

I. C. Lo del idioma tampoco es una novedad. Recuerdo Loreak, y, desde luego, mi caso, el de La vida secreta de las palabras. La Academia ha ido siempre por delante del público. En el punto de vista de un autor no es tan relevante el idioma en el que hablen sus personajes. Al menos en mi caso, que soy casi una apátrida.

A. A. En nuestro caso, en Handia era obligatorio, porque en esos caseríos solo se hablaba el antiguo euskera. Y contar una parábola sobre el amor o la reticencia a la evolución, necesitaba del juego idiomático.

C. S. En un momento nos planteamos rodar en español. Pero no funcionaba: porque mi infancia fue en catalán, porque donde íbamos a filmar se habla en catalán, porque incluso creo que los personajes están marcados por esa idiosincrasia. Otra cosa fue la carrera comercial. Estrenamos en junio en catalán, y ya en septiembre hicimos la versión en español para llegar a las salas que habían rechazado copias con subtitulado.

A. A. En nuestro caso, fuera del País Vasco han funcionado mejor las copias en euskera que en castellano. Al menos en Madrid y Barcelona, donde hay un circuito potente de espectadores que quieren ver el cine en el idioma en que se ha filmado.

Protagonistas de los galardones

Aitor Arregi (Oñati, Gipuzkoa, 1977) ha codirigido con Jon Garaño Handia, Premio Especial del Jurado del Festival de San Sebastián antes de obtener 13 candidaturas a los Goya. Forma parte de la productora Moriarti (Loreak), que trabaja casi como cooperativa.

Carla Simón (Barcelona, 1986) debuta con Verano 1993, Mejor Ópera Prima del pasado festival de Berlín y Biznaga de Oro del certamen de Málaga. El filme está nominado a ocho goyas.

Paco Plaza (Valencia, 1973) creó con Jaume Balagueró el fenómeno [Rec]. Verónica es su séptimo largometraje y opta a siete estatuillas.

Isabel Coixet (Sant Adrià de Besòs, 1960) lleva ya 17 películas entre largos de ficción y documentales. Como guionista y directora ha ganado cinco goyas, y La librería, con 12 candidaturas, se ha convertido en los últimos días en la favorita a ganar el Goya a mejor película.

I. C. Hay público de cine que ama el cine, y creo que los académicos lo tenemos clarísimo.

C. S. Siento que hemos dejado atrás eso de "ah, otra de cine español".

P. P. El prejuicio se va acabando. Como creadores que vivimos en la sociedad que consume nuestro trabajo, tenemos una ventaja sobre los de fuera: podemos apelar a la emoción de nuestro público ya que es más similar a la nuestra como cineastas. En Verónica ha sido muy bonito ver cómo ha resonado en los espectadores la España de los noventa, Vallecas, los ladrillos rojos, Héroes del Silencio (que ha aumentado sus escuchas en Spotify)... una memoria colectiva. Y la canción del anuncio de Centella ha removido muchas conciencias.

I. C. Hay otra cosa en común: creo que hemos tenido apoyo absoluto de nuestros productores [asentimiento general]. En mi caso, pelearon con los coproductores extranjeros, que querían una nueva Chocolat. Y La librería no va de eso.

A. A. Con Handia, es que Jon [el otro codirector] y yo no sabemos hacerlo mejor. Le hemos dado miles de vuelta, los productores han tenido la paciencia, y quien ha mandado ha sido la historia, que se ha impuesto a nuestro guion, impulsos y montaje.

P. P. Mi productor incluso apoyó que yo contratara a una actriz de 14 años, lo que nos llevó a rodar por varias comunidades autónomas ya que en Madrid los menores de 16 solo pueden filmar dos días cuatro horas por semana. Ese tour infernal aumentó los costes y, sin embargo, nunca se puso mi decisión en tela de juicio. Respeto a cualquier decisión creativa.

C. S. En mi caso, tras el primer casting ni teníamos protagonista. Hubo que hacer otro, y ya con el reparto solo pudimos rodar algunas horas al día durante seis semanas.

I. C. Yo rodé solo cinco semanas, lo vuestro fue un lujo [risas].

Pregunta. Es el año de la lucha por la igualdad de género, del destape de innumerables casos de acoso sexual.

I. C. La pregunta es si eso es relevante para lo que hacemos... No sé. Yo ya no sé ni lo que pienso. Yo solo quiero hacer películas. Y no creo que la situación de la mujer en el cine pueda separarse de la de la mujer en el planeta. A mí el cable se me cruza cuando intentamos casar las declaraciones de Rose McGowan o Salma Hayek sobre el monstruo que era Harvey Weinstein con la muerte de una mujer por frío en Nepal porque tiene la regla y la llevan a un chamizo. ¿Hablamos desde la superioridad del primer mundo? ¿Desde un mundo, el del cine, que hace tanto ruido? De los Globos de Oro no me atrajeron los discursos buenistas, los vestidos negros, el llevar a un activista social casi como un accesorio... y sin embargo sí me gustó el momento de Natalie Portman, cuando leyó eso de 'Aquí están los nominados todos masculinos a mejor dirección'.

C. S. Al final es una pregunta recurrente. A veces es cansado.

I. C. Lo único bueno es que por lo menos hablamos de eso y no de Cataluña. Ojalá llegue el momento en que no hablemos del género de quien hace la peli.

Manuel Martín Cuenca, el quinto en discordia

Manuel Martín Cuenca, en el rodaje de 'El autor'.
Manuel Martín Cuenca, en el rodaje de 'El autor'.

A Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964), las semanas previas a los Goya le han pillado en Miami, filmando un documental sobre el caso Pablo Ibar. “La actualidad y las fechas judiciales no entiende den carreras a premios de cine”, cuenta por Skype. Así que está apoyando desde lejos la carrera de El autor, película que cuenta con nueve nominaciones. Y desde esa distancia, el cineasta responde a los temas debatidos por sus compañeros de candidaturas a los Goya.

Sobre el rejuvenecimiento de la Academia, que de repente le ha colocado en el nivel de veterano, Martín Cuenca no puede menos que reírse. “¿Yo soy joven o consagrado? No me siento así. Tengo pocas películas y creo que sigo avanzando. Creo que lo que ocurre es que las películas son muy diferentes entre sí, de diferentes géneros y en cuatro idiomas. Eso es fantástico. Espero que sea tendencia y no puntual. Pero vamos, eso es pura especulación. Solo tras muchos años puedes analizar movimientos”. E insiste: “Ahora bien, si disfrutamos hoy de un cine plural, diferente, es porque se ha hecho con mucho entusiasmo y esfuerzo de los cineastas y de los productores, y no por las políticas de este Gobierno ni del anterior, que apoya una producción monolítica. Nace del espíritu guerrillero español, en el mejor sentido de la palabra”.

Sobre la lucha en auge por la igualdad entre hombre y mujer, en el cine y en la sociedad, Martín Cuenca también tiene un discurso claro. “Llevamos muchos peleando para corregir ese desnivel. Y estoy completamente a favor del sistema de cuotas, en contra de los abusos de poder. Debería de ser un proceso de concienciación social. Pero tiene que ser algo de más calado, que no se habla de ello cuando llega una ola procedente de Estados Unidos. Han luchado nuestras madres, muchos padres, porque no todos los hombres son iguales... Démosle más fondo y recorrido. Los linchamientos mediáticos emocionales deben de separarse del cambio social”.

C. S. De acuerdo, pero es que no hay suficientes mujeres haciendo cine, que es una industria muy masculina...

I. C. Como casi todas.

C. S. Por eso a la vez hay que hacer ruido. ¿Y vosotros, qué opináis?

P. P. Yo vivo en un entorno muy feminista. Mi primer mandamiento es que si reclamamos dar voz a la mujer debemos callarnos. Y así lo hago. Lo que me parece bochornoso es leer que el 93% de las películas las dirigen hombres, el 7% mujeres, y aún algunos cuestionan el sistema de cuotas porque son injustas. Ya, como que la situación actual es justa, ¿no? Imaginadlo al revés: que el 93% de las películas las dirigieran mujeres. Como hombre te suena a ciencia ficción. No es que el cine español sea machista, es que vivimos en una sociedad machista y misógina. Como productor de una directora me abrió mucho los ojos la interlocución con los agentes económicos. Lo diferente que ha sido para mí esa negociación, como director, al que se le presupone un talento, a la lupa de exigencia que se pone sobre cualquier mujer. Y a pesar del porcentaje, la proporción de la calidad del cine hecho por mujeres es asombrosa. Las cuotas no son deseables, claro, pero son necesarias.

I. C. A muchas mujeres les da pudor hablar de discriminación positiva. De acuerdo, llamémosle reparación histórica.

A. A. Amén a todo lo que decís.

Pregunta. ¿Intuís quién va a ganar?

A. A. Yo no he visto la de Paco porque soy un asustadizo, y creo que el Goya principal está entre La librería y Verano 1993.

C. S. Lo siento, porque no he visto las otras.

I. C. Con el resultado de los premios Forqué también habría que pensar en El autor. En realidad, ni lo pienso. Me alegré con las 12 nominaciones y ya fui feliz.

C. S. Yo descubrí con las candidaturas un nuevo sentimiento, el del orgullo por tu equipo y satisfacción porque le reconozcan su trabajo.