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El libro de adolescentes que escribió una quinceañera

'Rebeldes’ cumple 50 años. La gran novela juvenil de S. E. Hinton, llevada al cine por Coppola, marcó a varias generaciones de lectores primerizos

Matt Dillon y la escritora Susan.E. Hinton, en el rodaje de 'Tex', en septiembre de 1982.
Matt Dillon y la escritora Susan.E. Hinton, en el rodaje de 'Tex', en septiembre de 1982. Getty Images

Cuando le preguntaban por qué grababa en sus canciones 10 capas de guitarras, por qué usaba una bandada de violines y un enjambre de trompetas, por qué contrataba a un ejército de tambores y quintuplicaba los pianos, el productor musical pop Phil Spector contestaba: “¿Acaso nunca has sido adolescente? Así es como sientes todo a esa edad”.

Algo así debía bullir dentro de Susan Eloise Hinton (Tulsa, Oklahoma, 1948) cuando corría hacia su casa aquella tarde, con el corazón convertido en una estampida de potros, porque acababa de presenciar cómo una banda rival golpeaba a su amigo. En lugar de buscar revancha, entró en su habitación y escribió la primera página de una historia sobre un chico que recibía una paliza cuando volvía de ver una película. Ella tenía 15 años y la novela se publicó dos después, en 1967, con este reclamo comercial: “Un libro sobre adolescentes, para adolescentes, escrito por un adolescente”. Medio siglo más tarde, ha vendido 15 millones de copias, se ha colado en los pupitres de institutos de todo el planeta, cuenta con (por dar un dato tan frívolo como elocuente) más de 400.000 actualizaciones en Instagram con el hashtag #staygold y sigue siendo considerada piedra de toque de cierto subgénero juvenil.

Habían existido antes poetas simbolistas imberbes. También novelas decimonónicas, como Las aventuras de Tom Sawyer, en la que el protagonista aprende pronto “que la promesa de no poder hacer una cosa es el medio más seguro del mundo para tener ganas de hacerla”. Y clásicos contemporáneos en los que un muchacho harto de todo y de todos, lucha por perder la inocencia y por descubrir adónde van los patos de Central Park. Y narrativa pulp de héroes callejeros sin miedo y filmes educacionales que advertían de forma alarmista de los peligros de ser joven. Hinton, que no acababa de empatizar con todos estos relatos, decidió mirar a su alrededor, donde se batían el cobre en las calles bandas de Socs, sofisticados chicos de clase alta con prendas de paño y discos de los Beatles, y Greasers, todo brillantina y cuero malo y tejano raído y familia disfuncional, fans de un Elvis ya talludito.

El protagonista de Rebeldes es de los segundos. Ponyboy Curtis es un grease atípico: tiene 14 años, dos hermanos, cero padres y mucho miedo. “Me engaño a mí mismo todo el tiempo. Pero nunca me creo”, dice. Aunque se educa pronto en las diferencias de clase social, le gusta leer y esa curiosidad guía también su vida, especialmente si el contacto con las familias más acomodadas llega encarnado en Cherry: “Me hizo gracia que la puesta de sol que ella pudiera ver desde su patio y la que yo veía desde las escaleras de atrás fuera la misma. Quizá los distintos mundos en que vivíamos no fueran tan distintos. Veíamos los mismos atardeceres”. Ponyboy se mete en peleas, sí, pero a menudo por inercia. Como discuten Sal Mineo y James Dean en Rebelde sin causa, mientras tiran de un pitillo sobre el capó de los coches antes de ir a muerte en el juego de la gallina, en el fondo se caen bien pero más que jugar se juegan la vida porque “algo tenemos que hacer, ¿no?”.

Desde la izquierda, Ralph Macchio, Tom Cruise, C. Thomas Howell, Rob Lowe y Matt Dillon, en 'Rebeldes' (1983). ampliar foto
Desde la izquierda, Ralph Macchio, Tom Cruise, C. Thomas Howell, Rob Lowe y Matt Dillon, en 'Rebeldes' (1983).

Que Rebeldes fue escrito por una adolescente (y recalco el una) se percibe en el hecho de que es un mundo dominado por la lógica sentimental teen, todo feromonas y sudor, sin figuras paternas y por supuesto sin paternalismo. Su autora no es un narrador adulto acariciando remotos problemas adolescentes como si fueran animales de compañía, sino alguien viviéndolos en tiempo real. Por eso Rebeldes tiene navajas y olor a chicle; besos en el autocine y peleas en el parque.

No fue instantáneo ni el reconocimiento ni el éxito. Hinton firmó la novela con iniciales porque de otro modo, le dijeron, muy pocos lectores masculinos la hubieran comprado y el primer cheque que recibió por derechos de autor fue de 10 dólares. Pero la novela corrió veloz por los institutos y, varios lustros después, unos estudiantes de California escribieron una carta a un tal Francis Ford Coppola. Es el libro más bonito que hemos leído, le dijeron. Y también: tienes que convertirlo en película. Y: te hemos elegido a ti. Lo siguiente fue una película de 1983 en la que participaron todos los protagonistas no solo del cine adolescente de los ochenta, sino también de las carpetas de los institutos de la década (Rob Lowe, Tom Cruise, Ralph Macchio, Patrick Swayze o Matt Dillon, entre otros). Coppola rodó ese mismo año la adaptación de otra novela de Hinton, La ley de la calle, y la autora se paseó por el rodaje, hizo cameos y se comportó como una especie de madre con los actores de las dos películas.

El chico de la moto

Hinton demostró con sus novelas posteriores que el de Rebeldes es un paraíso que no lo fue tanto y que se perdió pronto. En La ley de la calle, el protagonista, que quiere atrapar la leyenda de su hermano, dice: “En aquella época, una pandilla todavía significaba algo”. Y este, El chico de la moto, contesta: “Sí, significaba que te mandasen al hospital una vez a la semana”. En Esto ya es otra historia, el hippismodesencantado cala en unos personajes que se preguntan “¿Pero no echas de menos ese rollo de todos-para-uno y uno-para-todos?”.

En Tex, otra de sus historias más celebradas, el protagonista no pierde una moto, sino que venden su caballo: “Me perdería la clase de vocabulario en el cole. Pero había añadido una palabra nueva a mi vocabulario. Deprimido”. Aunque todas ellas se siguen leyendo y reeditando, el primer corte es el más profundo, como cantó Cat Stevens justo el año de publicación de Rebeldes.

Hinton retuitea cada día decenas de agradecimientos por esa novela y fotografías de la casa museo dedicada al libro y al lugar donde se rodó la película, ahora propiedad de Danny Boy O’Connor, del grupo de hip hop House of Pain.

En la escena más célebre de Rebeldes, Johnny, a punto de morir, le dice a su mejor amigo: “Sigue siendo de oro, Ponyboy”. Con ese “stay gold”, sampleado en muchas otras ficciones y tatuado en tantos bíceps y pantorrillas de jóvenes lectores, Hinton guiña el ojo sin presunción a un poema de Robert Frost, Nothing Gold Can Stay, que evoca ese primer verde de la naturaleza que es dorado. Ahora, en la celebración de las bodas de oro de la novela, Ponyboy Curtis sigue teniendo 14 años y todo el brillo.