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Una pica en Londres

El Cervantes Theatre y su compañía, la Spanish Theatre Company (STC), tienen como objetivo difundir el teatro español y latino

Juan Mayorga fue el primero que me habló del Cervantes Theatre de Londres, que dirigen Jorge de Juan y Paula Paz: estaba encantado con el montaje que allí hicieron, el pasado febrero, de La tortuga de Darwin y la lectura dramatizada de La lengua en pedazos. El Cervantes Theatre es una iniciativa sensacional. Está en Union Street, en la zona de Southwark. Abrieron, con no pocas dificultades, en noviembre de 2016. El objetivo de su grupo, la Spanish Theatre Company (STC), es difundir el teatro español y latino. De Juan me dice: “Hacemos teatro clásico y contemporáneo, y de cada obra presentamos montajes en inglés y castellano. Es una locura, pero en una sala tan íntima, con un aforo de entre 76 y 90 butacas, según la disposición escénica, no hay espacio para subtítulos. Y hay gente que viene a ver ambas versiones de una misma función”. Este año han hecho 28 espectáculos, también de danza y flamenco. La sala se sostiene gracias al mecenazgo y las colaboraciones de Acción Cultural Española (AC/E), la SGAE y la embajada de España en Londres, entre otras entidades. “Tenemos”, añade, “un programa educativo muy importante: ya hay más de 1.200 entradas vendidas a colegios para La casa de Bernarda Alba, que haremos en noviembre. Elegiremos siempre una obra en función de los textos de las escuelas británicas con el castellano como idioma extranjero”.

El 30 de agosto comenzó su temporada de otoño/invierno con la reposición de La piedra oscura, de Alberto Conejero, estrenada en junio a las órdenes de Sergio Maggiolo. Del 18 de septiembre hasta el 14 de octubre tendrá lugar un acontecimiento relevante: la New Spanish Writing Season, que consta de 3 lecturas dramatizadas y una producción propia (todas, por supuesto, en inglés y español). Muy buena selección: las lecturas son El pequeño pony, de Paco Bezerra; Verano en diciembre, de Carolina África, y Litus, de Marta Buchaca. La producción propia es un estreno absoluto: La golondrina, de Guillem Clua (escrita originalmente en catalán: L’oreneta), inspirada en la terrible masacre yihadista (50 muertos) en un club gay de Orlando (Florida), en junio del pasado año. Una pieza de alto voltaje emocional, dirigida por Paula Paz: “Descubrí a Clua en Londres, cuando presentó La piel en llamas en el Park Theatre”. La golondrina es una función conmovedora, clara, intensa. Contamos con escenografía de Alejandro Andújar y música de Nico Casal, compositor de Stutterer, que ganó el Oscar al mejor cortomentraje en 2016: dos lujos”. La obra, me dice Clua, se montará en Atenas al mes siguiente y probablemente en España. También están vendidos los derechos para Buenos Aires.

Del 23 de octubre al 2 de diciembre llega el montaje de Bernarda Alba, firmado por De Juan, de quien se repone, del 6 al 30 de diciembre, El juez de los divorcios… y otros, singular mezcla de entremeses cervantinos con pasajes shakesperianos. Dos objetivos de la Spanish Theatre Company: “Representar toda la obra de Lorca”, me cuentan, “y que Juan Mayorga sea autor ‘de cabecera’ en nuestro teatro”.