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Amorim se hace el ‘harakiri’ y el Manchester United lo despide

El entrenador del club más rico de Inglaterra pierde la lucha por el poder que libró desde que lo ficharon en 2024 contra la voluntad del vestuario, que pidió a Van Nistelrooy

El Manchester United despidió este lunes a Ruben Amorim. La fulminación del entrenador portugués supone el fracaso del penúltimo intento desesperado del United por recuperar el centro futbolístico de la ciudad de Mánchester y del fútbol inglés, posición que desde 2016 corresponde a su vecino de la ciudad, el Manchester City de Pep Guardiola. La salida de Amorim también señala la primera avería grave que sufre el proyecto que inició Sir James Ratcliffe hace dos años con el respaldo mediático unánime de Inglaterra, convencidos por fin los analistas de que era preciso que el club más rico y con mayor masa social del Reino Unido estuviera participado en su propiedad por un inglés.

Amorim precipitó su propio despido este domingo tras empatar 1-1 en Leeds. Salió a la conferencia de prensa y señaló a los propietarios por incumplir su compromiso de darle plenos poderes en el mercado y apuntó a la dirección deportiva como primera responsable de la crisis de resultados. “Vine aquí como mánager, no para ser el entrenador del Manchester United”, se quejó. “Ahora la dirección deportiva tiene que hacer su trabajo”.

La invectiva apuntó a Jason Wilcox, director de fútbol, tanto como a Omar Berrada, el CEO, fichado en 2023 del Manchester City en un intento por adquirir información de una competencia percibida como imparable. Con el equipo en sexta posición de la tabla, a punto de descolgarse de la cornisa de los puestos de Champions y con una ventaja de menos de cuatro puntos sobre Sunderland, Everton, Fulham, Brighton, Newcastle y Brentford, el panorama resultaba desolador. Tan negro como propicio al harakiri. Amorim se inmoló. Sabía que había perdido la guerra por el control de las altas y las bajas y que sin ese poder no tenía nada que hacer al frente de una estructura que exigía grandes transformaciones. Fuentes próximas a la propiedad estadounidense del United explican que, realmente, Amorim nunca gozó de un respaldo convencido, ni por parte de la directiva ni por parte del vestuario.

Firmado el 1 de noviembre de 2024 con un contrato que se extendía hasta junio de 2027, Amorim aterrizó en Mánchester por compromiso. La directiva le había firmado un precontrato por el cual le abonaba 500.000 euros al mes desde junio de 2024, incluso mientras dirigía al Sporting de Lisboa. El United le pagaba para tenerle en la reserva, asegurándose así un entrenador de moda, y a cambio le garantizaba una indemnización de 10 millones de euros si no le fichaba en caso de despedir a su entrenador. Cuando el United despidió a Erik Ten Hag, Berrada y los dueños se vieron ante una disyuntiva: darle el equipo a Ruud van Nistelrooy, asistente de Ten Hag, tal y como querían los jugadores consultados en el vestuario, y a cambio pagar 10 millones a Amorim en concepto de indemnización, o pagarle 10 millones al Sporting por el traspaso y fichar a Amorim. Optaron por la segunda opción.

Cuando entró al vestuario, Amorim lo hizo con el pie cambiado y la mira puesta en limpiarlo de partidarios de Van Nistelrooy. No tardó en apuntar a Rashford en la lista de prescindibles con argumentos tan extravagantes como que no le cuadraba la forma en que se vestía.

Pidió fichar 12 futbolistas

Amorim fue consciente desde su primer día en Mánchester de que debería conquistar una cuota de poder para triunfar. No le bastaría con gestionar los jugadores que le fichaba el club. Lo primero que hizo, según fuentes de la entidad, fue exigir la contratación de 12 futbolistas y el despido de otros tantos. Al margen de consideraciones sobre el número mágico, la demanda sorprendió a los dueños ya que implicaba un gasto de no menos de 500 millones de euros. Difícil de aceptar por los propietarios por más que Amorim lo planteó como objetivo imprescindible para transformar el perfil de juego del equipo. Si Sir James Ratcliffe y Omar Berrada querían que el United practicara un fútbol propositivo, de presión y velocidad de balón agresiva y vertical, era preciso cambiar la plantilla casi por completo. Si no, cada vez que se enfrentaran a rivales de máximo nivel, debían conformarse con lo que hacía Ten Hag: organizarse alrededor de Casemiro y generar situaciones al contragolpe.

El tiempo verificó que el United de Amorim se pareció al de Ten Hag como una gota de agua a otra gota de agua. La versión oficial del club, ampliamente recogida por los medios ingleses, indica que el club respaldó el plan de Amorim sin fisuras. Muestra de ello, dicen, son los casi 300 millones de euros que dedicaron a ficharle jugadores como Benjamin Sesko, Bryan Mbeumo o Matheus Cunha. Mucha pólvora en ataque, pero pocos refuerzos en el mediocampo, donde se gesta todo. La realidad demostró que el United no cambió el registro, ni definió su estilo, ni estabilizó el curso errático que ha caracterizado sus últimos años en la Premier.

Ahora el club busca al séptimo entrenador a tiempo completo desde la jubilación de Sir Alex Ferguson en 2013, después de 26 años en el cargo más longevo de la historia de la Premier. El vacío sigue siendo imposible de llenar. El miércoles contra el Burnley, el ocupante del banquillo será Darren Fletcher.

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Sobre la firma

Diego Torres
Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.
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