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Los ataques contra la película ‘Matilda’ obligan al Gobierno ruso a salir en su defensa

El conservador ministro de Cultura acusa a los grupos ortodoxos de "desacreditar" al Estado y la Iglesia

Cristianos ortodoxos en una protesta en Moscú contra la película 'Matilda' en agosto pasado.
Cristianos ortodoxos en una protesta en Moscú contra la película 'Matilda' en agosto pasado. AP

Matilda, la película sobre la prima ballerina amante del zar Nicolás II, continúa en el centro de las noticias rusas aun antes de ser estrenada. Los fanáticos ortodoxos, azuzados principalmente por la diputada Natalia Poklónskaya, exfiscal en Crimea, no cesan en sus ataques y amenazas contra el director y los cines que pensaban proyectarla. Las cosas han llegado a tal extremo que incluso el conservador ministro de Cultura, Vladímir Medinski, se ha visto obligado a salir en defensa del filme y a condenar las acciones de los extremistas cristianos ortodoxos.

La película narra la relación que, antes de su matrimonio, tuvo el zar con la bailarina Matilda Kshesínlkaya –más conocida en Occidente por la grafía Mathilde Chessinska-, algo que para la diputada Poklónskaya es una denigración del mártir Nicolás II, canonizado, junto con otros miembros de la familia imperial rusa, por la Iglesia ortodoxa en el año 2000. Poklónskaya, que se ha negado a ver la cinta, ha propiciado una campaña muy agresiva contra la proyección del filme, en la que ha habido quemas de automóviles con bombas mólotov, embestida de un furgón contra un cine donde Matilda estaba programada y otros actos vandálicos, acompañados de amenazas.

Estas amenazas han sido de tal envergadura, que las cadenas Cinema Park y Fórmula Kino, las principales de Rusia, anunciaron su renuncia a proyectar Matilda debido a que temen por la seguridad de los espectadores, mientras que otras salas de cine pidieron a las autoridades que las protejan mientras la película esté en cartelera.

El ministro de Cultura ha considerado oportuno sacar un comunicado especial, en el que condena esta campaña contra Matilda y su director, Alexei Uchitel. "A menudo me acusan de ser demasiado conservador. Pues bien, como conservador quiero decir que esos autoproclamados activistas desacreditan tanto a la política cultural del Estado como a la Iglesia", señala en el texto Vladímir Medinski, que hasta el momento había tratado por todos los medios de no intervenir en la polémica.

"La religión ortodoxa es sobre amor, no sobre odio. ¿Qué les diferencia [a esos activistas] de los fanáticos de otras religiones o de las sectas en sus peores manifestaciones? Y ahora la histeria ha llegado a su punto máximo: amenazas públicas, persecución de los autores de la película, incendios provocados, negativa de algunos cines a proyectar el filme por motivos de seguridad", dice en el ministro en el comunicado.

Medinski señala que ha visto la cinta y que puede asegurar que en ella "no hay nada ultrajante ni para la memoria de Nicolás II ni para la historia de la monarquía rusa". El ministro subraya que todo intento de prohibir la proyección del filme o de presionar a los cines privados o municipales para que desistan de darla será interpretado como "censura e ilegalidad". El texto pide a los dirigentes de las fuerzas del orden público que «garanticen el cumplimiento de la ley y rechacen decididamente los intentos de presión» por parte de los que se definen como activistas ortodoxos.

El acoso a la película es interpretado por algunos observadores como una manifestación más del oscurantismo en el que está cayendo Rusia.

La solista del Mariinski de San Petersburgo fue, en realidad, no solo amante del futuro Nicolás II, sino también de los hermanos de este, Cirilo y Borís, y de los primo Sergio y Andrés Románov. Con este último había tenido un hijo en 1902 y con él contrajo matrimonio finalmente en 1921.

Tráiler de 'Matilda'.

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