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El viaje a China del olvidado cronista de la Guerra Civil

Publicado un inédito de César Arconada, uno de los intelectuales más desconocidos de la Generación del 27 y del exilio español

Arconada y su traductora china en 1957.
Arconada y su traductora china en 1957. EL PAÍS

César Arconada (Astudillo, Palencia, 1898 - Moscú, 1964) habría querido sentarse en un banco de Pekín como un hombre cualquiera y observar el bullicioso ir y venir de otras personas. Pero no pudo. Exiliado en Rusia en 1939, fue invitado a viajar al país de Mao Zedong por el colegio de escritores, ansiosos de dar a conocer el milagro de la revolución comunista. Andanzas por la nueva China tenía que ser una crónica de propaganda, pero a Arconada le pudo la magia del país, sus paisajes y tradiciones milenarias, aquellos que la doctrina quería erradicar. De vuelta a Moscú, nadie quiso editar su libro. 60 años después, la Fundación Banco Santander lo publica para rendir justicia a un doble olvido: el de la obra y el de su autor, perdidos ambos en el destierro intelectual español.

“Este libro nace de una extrañeza y es fruto de una contradicción”, afirmó ayer durante la presentación del volumen en Madrid el catedrático Gonzalo Santonja, a quien la viuda de Arconada entregó una copia a máquina de las Andanzas. Arconada se pregunta al principio del texto cómo ha podido acabar en China. Sin embargo, el periplo del autor se parece al de otros intelectuales que emprendieron la vía del exilio tras la Guerra Civil. Autodidacta, miembro del Partido Comunista, prosista destacado de la Generación del 27, redactor jefe de La Gaceta Literaria e integrante del grupo de escritores de la revista Octubre, dirigida por Rafael Alberti.

“Lo mejor del libro es la mirada de un palentino hacia ese universo geográfica y culturalmente fascinante”, explicó Santoja al detallar que Arconada fue uno de los grandes divulgadores de la literatura del Siglo de Oro en la Unión Soviética. Pese a querer cumplir con el mandato de cronista implicado con la ideología, pasó en China dos meses y no pudo resistirse a contar el “color humano de la arcilla”, como lo define en el libro, y se sorprende, al principio, de que le acompañen 10 personas, entre ellos tres traductores y un médico.

Si tuvo permiso para hablar con un obrero fue para que anotara estadísticas de producción, pero Arconada acabó tratando con él de creencias y tradiciones. Si le llevaron a visitar la imprenta de Yenán, destino final de la gran marcha maoísta, fue para alabar el progreso técnico, pero Arconada se detuvo a mirar a los budas y los jeroglíficos de las cuevas donde se encontraban las máquinas. “Por esto es un libro moderno”, recalcó Francisco Javier Expósito, responsable de la colección Obra fundamental en la que se han publicado las Andanzas.

Santonja detalla en el prólogo que Arconada envió el manuscrito al colegio de los escritores chinos sin recibir respuesta. En Moscú, su publicación se hizo inviable a raíz del conflicto entre las dos potencias comunistas en los sesenta. En Buenos Aires, donde se publicó Sonríe China de María Teresa León y Rafael Alberti, no tuvo cabida. Tampoco en París, en la editorial del PCE. La decisión de ir a la Unión Soviética le aisló del resto de intelectuales que se fueron a Latinoamérica, según Santoja. Sin embargo, en Rusia, Arconada tuvo una vida acomodada por ser responsable de literatura española en la revista La literatura soviética.

En Moscú se casó con María Cánovas, divorciada de un general del bando republicano: ha sido gracias a ella, de vuelta a España en los años ochenta, que las Andanzas han podido ser publicadas, en lo que parece dar la razón al viejo refrán chino que Arconada recogió en el libro: “Incluso la mejor memoria es peor que la más desteñida tinta”.

Neruda, Cunard y el campo de concentración

La carrera como escritor de César Arconada se consolidó antes de la Guerra Civil con la publicación del poema Urbe (1928), de la novela La Turbina (1930) y de una biografía de la actriz Greta Garbo que dio la vuelta al mundo. En los años del conflicto, fue cronista desde el frente asturiano hasta exiliarse tras la batalla del Ebro. Fueron Pablo Neruda y la filántropa Nancy Cunard quienes le rescataron de un campo de concentración en Francia. A diferencia de Rafael Giménez Siles, con el que compartió el cautiverio, Arconada no decidió irse a Latinoamérica, sino a la Unión Soviética.

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Autor: Cesar Muñoz Arconada.

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