CRÍTICA | THE LIMEHOUSE GOLEM
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La palidez del infierno

Pocas veces una película con elementos tan apasionantes resultó tan insulsa: Londres, 1880. Los primeros pasos de Scotland Yard; los días fascinantes del periodismo de sucesos...

Olivia Cooke y María Valverde, en 'The Limehouse Golem'.
Olivia Cooke y María Valverde, en 'The Limehouse Golem'.

THE LIMEHOUSE GOLEM

Dirección: Juan Carlos Medina.

Intérpretes: Bill Nighy, Olivia Cooke, Eddie Marsan, María Valverde.

Género: thriller. Reino Unido, 2016.

Duración: 105 minutos.

Pocas veces una película con elementos tan apasionantes resultó tan insulsa. Londres, 1880. Los primeros pasos de Scotland Yard en su gótica sede de Victoria Embankment; los días fascinantes del periodismo primigenio de sucesos, en el filo de las andanzas de Jack El Destripador, y de la literatura de intriga, con Sherlock Holmes en vías de creación; la eclosión del teatro musical en el West End; la estancia del filósofo Karl Marx en Londres, aún a la espera de que las revoluciones comunistas lo convirtieran en célebre...

Sin embargo, The Limehouse Golem, película británica dirigida por el español Juan Carlos Medina, basada en la novela de Peter Ackroyd Dan Leno, El Golem y el music-hall, publicada en 1994, no pasa del postizo cóctel de referencias políticas, literarias y sociales, alrededor de una serie de crímenes. El sorprendentemente nefasto guion de Jane Goldman, que en Kick-ass (2010), X-Men: Primera generación (2011) y Kingsman: servicio secreto (2014) había demostrado su buena mano para el efervescente entretenimiento juvenil, está demasiado compartimentado, sin que fluya ni sorprenda en momento alguno su fusión de relato en tiempo presente y sus innumerables (y falsos) flashbacks con cada uno de los puntos de vista de los sospechosos de los crímenes. Lo peor que le puede pasar a una intriga asentada en un cluedo (un whodunit, un quién lo hizo) es que el espectador acabe desentendiéndose de su resolución. Y aquí eso ocurre ya en la primera media hora.

Medina, nacido en Miami, de padre español y madre francesa, forjado cinematográficamente en Francia, antes de destacar con Insensibles, aquella meritoria parábola política en la línea del fantástico español de Guillermo del Toro (El espinazo del diablo, El laberinto del fauno), compone una puesta en escena tan competente como impersonal, mientras la intriga queda sepultada bajo un barullo de referencias mal utilizadas: desde los versos de Alexander Pope al Golem de Gustav Meyrink; desde las creaciones teatrales en el burlesco y la pantomima de Dan Leno hasta la escritura de Marx y de George Gissing, precisamente dos de los sospechosos, pasando por las teorías sobre el asesinato como bella arte de Thomas de Quincey.

Pese a su violencia, la película es demasiado pulcra, inmaculadamente vacua. Un pálido remedo de Desde el infierno en lugar de macabro juego circense a lo Tod Browning.

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