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Veraneo con hijos
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Telma y las Luisitas

Al principio todo son roces. Les indigna que uses su jerga en vano. Tú te vas volviendo más cría y ellas más adultas

Las cuatro Luisitas con Telma al volante.
Las cuatro Luisitas con Telma al volante.
Luz Sánchez-Mellado

Cuando las crías eran pequeñas y cualquier viaje, aunque fuera de fin de semana, suponía un pollo logístico —carro, cuna—, una fantaseaba con el remoto día en que crecieran las churumbelas y pudiéramos ir en amor y compañía al fin del mundo sin más trabas que las económicas. Qué atrevida es la ignorancia. Bienaventurados los que estáis en esa etapa porque, comparado con lo que os espera, ese infierno es el paraíso.

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A diferencia de las aves homónimas en Nochebuena, en cuanto empiezan a asomarle las plumas al pavo de las polluelas, la que está a punto para el horno es la mamá pava, y hablo en femenino porque en casa tenemos todas un par de ovarios. Menudas son las pájaras. “No” es la respuesta más amable que recibe cualquier plan propuesto por su peor enemiga, perdón, progenitora, en un crescendo que continua con “pfff, qué pereza” y culmina con “ni de coña, mamá, tío, ¿estamos locos, o qué nos pasa?”. ¿Qué hacer ante tamaño desafío a la autoridad materna? Ellas son las menores y tú la adulta. Puedes obligarlas legalmente a meterse en el coche y arreando, que es gerundio. Eso mismo les sermoneabas tú, sobradísima, a quienes pasaban por ese trance hasta hace nada. Pero, como la vida consiste, mayormente, en comerte tus palabras, y, si te pones purista, te arriesgas a tener que bregar lejos del nido con dos cuervas con unos morros que ríete tú de los de Carmen de Mairena, claudicas y accedes a llevarte a una amiguita por cada vástaga en plan socialización del sufrimiento materno. Paz por compañía. Ok. Allá que vamos Telma y las Luisitas rumbo a la playa.

Al principio, todo son roces, llagas, escoceduras... Les ofende que te sepas mejor que ellas las canciones de la radio. Les indigna que uses su jerga en vano. Les repatea cualquier pensamiento, palabra, obra u omisión tuya. Les molesta que existas, básicamente. La sorpresa llega cuando, a lo tonto, empieza a fundirse el hielo, y acabas haciendo piña con cuatro adolescentes en flor carnívora. Cuando creas un grupo de WhatsApp llamado El Campello Shore, para conminarlas a que acaben de plancharse —el pelo, la ropa es cosa tuya— y te dejen evacuar a gusto. Cuando te sumas a la juerga probándote biquinis tras una cortina en un mercadillo muertas de la risa. Cuando te pones el despertador a las 5 a.m. para recogerlas del garito de marras a cambio de que se queden en casa una noche haciéndose mascarillas para salir tú de pingo. Tú te vas volviendo más cría y ellas más adultas. Tú te vas asilvestrando y tendiendo a alimentarte de patatas fritas de bolsa y ellas se van civilizando y te hacen la lista de la compra exigiéndote comer sano.

Total, que, a mal que se dé la cosa, volvéis berreando juntas la infame letra del infame reguetón que lo peta en la radio más infame: “Me rehúso a darte el último beso / así que guárdalooo / para que la próxima vez te lo de haciéndolooo / haciéndolo así, así, asíii / así como te gusta babyyy”, haciendo todas como si no supiéramos de lo que se está hablando. Ahora, eso sí, en cuanto llegas a casa, todo vuelve a su ser verdadero. ¿Ir al cine?, No. Pfff, ni de coña. ¿Mamá, tío, no. Estamos locos, o qué nos pasa?

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Sobre la firma

Luz Sánchez-Mellado
Luz Sánchez-Mellado, reportera, entrevistadora y columnista, es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y publica en EL PAÍS desde estudiante. Autora de ‘Ciudadano Cortés’ y ‘Estereotipas’ (Plaza y Janés), centra su interés en la trastienda de las tendencias sociales, culturales y políticas y el acercamiento a sus protagonistas.

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