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Mente prodigiosa, corazón de oro

Siempre habrá quien prefiera que le sobreexciten el corazón a que le estimulen la cabeza, y para ellos es este drama

Chris Evans, en 'Un don excecpional'.

UN DON EXCEPCIONAL

Dirección: Marc Webb.

Intérpretes: Chris Evans, McKenna Grace, Jenny Slate, Lindsay Duncan.

Género: drama. Estados Unidos, 2017

Duración: 101 minutos.

No parece buena señal que un espectador se pase buena parte de la proyección de una película pensando en otra. En otra que encarna todo lo que esta no es: un discurso que se plantea problemas, que se pone obstáculos y desafía constantemente ese impulso primario y conservador de agarrarse a los más elementales procesos de identificación, de recibir, en forma más o menos pre-masticada, pistas claras sobre cómo posicionarse ante los conflictos planteados. Viendo Un don excepcional, película muy convencional de ese Marc Webb que debutó alterando las convenciones de un género en la ingeniosa (500) días juntos (2009), este crítico no pudo parar de pensar en La profesora de parvulario (2014), gran confirmación del talento provocador y el gusto por la complejidad del israelí Nadav Lapid.

En ambas hay niños prodigio y adultos que toman decisiones bien para proteger su inocencia, su frágil humanidad, bien para salvaguardar la llama de su genio en un mundo hostil. Mientras Lapid abría nuevos interrogantes ante cada nuevo gesto de sus personajes, Webb recurre a lo sentimental como salvoconducto. Es cierto que Un don excepcional, película con niña superdotada que podría emular el destino trágico de su madre matemática, maneja con cierta prudencia las potencialidades de su material para el burdo golpe de efecto, pero queda en manos del umbral de tolerancia de cada espectador decidir si uno está dispuesto a conformarse con tan poco. Siempre habrá quien prefiera que le sobreexciten el corazón a que le estimulen la cabeza.

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