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Centauros juveniles del desierto

El efervescente guion de Seth W. Owen, muy bien dialogado, lo ha puesto en imágenes un realizador, como máximo, convencional: Gavin Wiesen

Emile Hirsch y J. K. Simmons, en el filme.

UNA NOCHE CON MI EXSUEGRO

Dirección: Gavin Wiesen.

Intérpretes: J. K. Simmons, Emile Hirsch, Analeigh Tipton, Kristen Schaal.

Género: comedia. EE UU, 2016.

Duración: 86 minutos.

Entre un guion aparentemente intrascendente pero con visibles posibilidades energéticas, emocionales y de divertimento, y una película final de calidad y genio, que quede para los restos, suele haber un director con mayúsculas. Solo hay que pensar en Loca evasión (1974), en ¡Jo, qué noche! (1985) y en Algo salvaje (1986), por poner tres ejemplos de películas con esencias, subtextos, objetivos y arcos temporales, dramáticos y cómicos muy semejantes a los de Una noche con mi exsuegro, para darse cuenta de quién se había puesto tras la cámara para filmar aquellos libretos, Steven Spielberg, Martin Scorsese y Jonathan Demme, y lo que cada uno de ellos aportó.

Como en una versión cafre, juvenil y cañera de Centauros del desierto, de John Ford, un padre de oscuro pasado con fuertes prejuicios sociales y el exnovio de su hija buscan a esta por un Los Ángeles enfermizo, lisérgico y solitario. Una noche con mi exsuegro se convierte así en una comedia sobre la incomunicación, en la que sobra la blandenguería de la parte final, pero que se ve (casi) siempre con cierta simpatía.

Sin embargo, el efervescente guion de Seth W. Owen, muy bien dialogado, con personajes que aúnan la sensibilidad y el absurdo, la identificación y la sorpresa, lo ha puesto en imágenes un realizador, como máximo, convencional. En su segundo largometraje, Gavin Wiesen, director tosco, sin ritmo ni ideas de puesta en escena, convierte lo escrito por Owen en una road movie de saldo, amparada únicamente en lo que queda de gracia de sus diálogos y de su esencia fordiana, y en el carisma de calmado animal interpretativo de J. K. Simmons.

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