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Mónica García Prieto gana el ‘Cirilo Rodríguez’ para corresponsales

La reportera ha centrado su trabajo en la denuncia de los abusos contra los civiles en los conflictos

Mónica García Prieto, entre los finalistas del Premio Cirilo Rodríguez, Carlos Franganillo (izquierda), Dogan Tiliç e Ilya U. Topper, en Segovia.
Mónica García Prieto, entre los finalistas del Premio Cirilo Rodríguez, Carlos Franganillo (izquierda), Dogan Tiliç e Ilya U. Topper, en Segovia. EFE

Mónica García Prieto (Badajoz, 1974) ha ganado el XXXIII Premio de Periodismo en memoria de Cirilo Rodríguez para corresponsales o enviados especiales de medios españoles en el extranjero, dotado con 6.000 euros y una pieza del Centro Nacional del Vidrio, que convoca anualmente la Asociación de Periodistas de Segovia.

Esta profesional, que comenzó cubriendo la revuelta zapatista de Chiapas, en México, en 1995, durante unas vacaciones de verano, ha ejercido en 22 años de profesión  como corresponsal en Roma, Moscú, Jerusalén, Beirut y Bangkok y ha recorrido el mundo como reportera, centrando sus coberturas en la denuncia de los abusos contra los derechos humanos en tiempos de guerra, y en la defensa de los civiles, víctimas de todas las partes en conflicto.

Resultaron finalistas el corresponsal de TVE en Washington, Carlos Franganillo, y el equipo de la Agencia Efe en Turquia, compuesto por Dogan Tilliç e Ilya Tooper. Las candidaturas finalistas reciben 1.000 euros y una pieza de vidrio. El premio está patrocinado por el Ayuntamiento y la Diputación de Segovia y Bankia.

Durante el acto de entrega, la presidenta de la FAPE, Elsa González, tuvo un recuerdo para la primera mujer corresponsal en España, Paloma Gómez Borrero, fallecida recientemente, mientras que el presidente de la Asociación de la Prensa en Segovia, Miguel Ángel López, evocó la figura de Miguel Ángel Basteneir, que ha sido miembro del jurado en numerosas ocasiones en nombre de EL PAÍS.

Sobre sus últimos trabajos, Mónica G. Prieto, que reniega de las redes sociales como primera fuente de información porque entiende que hay que estar en el lugar para contarlo, calificó de “impresionantes” temas como la esclavitud y la trata de seres humanos –ha visitado campos de esclavos en las junglas tailandesas y barcos de esclavos decomisados por las autoridades-, la limpieza étnica de comunidades musulmanas en Birmania, el expolio ecológico de Camboya o la persecución de activistas sociales en el sureste asiático.

En su opinión, “la persistencia de dictadores o autócratas como el antiguo jemer rojo, Hun Sen, que sigue dirigiendo Camboya, es consecuencia de los intereses comerciales de Occidente, que prefiere hacer negocios con Hun Sen, pese a los gravísimos abusos de los derechos humanos”.

Por fortuna, según la premiada, las denuncias de organizaciones de derechos humanos y de algunos periodistas han permitido que la comunidad internacional apruebe una misión de investigación en Birmania, en una demostración de que "el periodismo sí puede cambiar las cosas si persistimos y documentamos bien nuestras denuncias".