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El placer del descubrimiento cinéfilo

El documental 'Las películas de mi vida' recomienda suficientes películas como para gozar de cientos de horas de placer futuro

Bertrand Tavernier, en una imagen de 'Las películas de mi vida'.

Al inmenso placer de ver una película extraordinaria solo se acerca el descubrimiento previo de lo que apunta a una película extraordinaria. Ésa que puede cambiarte no solo el día sino también la visión de las cosas, quizá no tanto de la vida pero sí del arte y del espectáculo. Una recomendación, con gozosa explicación incluida, lo que la transforma de simple chivatazo en razonada cadena de transmisión de conocimientos, que supo ver a la perfección en forma de documental Martin Scorsese, carisma, pasión y conocimientos, en los imprescindibles A personal journey with Martin Scorsese through american movies (1995) e Il mio viaggio in Italia (1999).

LAS PELÍCULAS DE MI VIDA

Dirección: Bertrand Tavernier.

Intervienen: Bertrand Tavernier, Thierry Frémaux, Antoine Duhamel, Claude Sautet.

Género: documental. Francia, 2016.

Duración: 190 minutos.

Dos películas que se salían del estilo enciclopédico, estructurado y didáctico de otras grandes obras ensayísticas audiovisuales, entre las que destaca una posterior en fecha, La historia del cine, una odisea (2011), de Marc Cousins, y un modelo al que también se apunta el cineasta y gran conocedor del cine francés Bertrand Tavernier en Las películas de mi vida. Una gozada de tres horas y diez minutos, más asentada en el traslado de la emoción que en la historiografía, con la que el director de Ley 627 y Hoy empieza todo traslada amor y sabiduría a ese constante y perpetuo descubridor de películas nuevas, aunque sean del pasado, que deberíamos ser todos. Básicamente porque esto del cine no se acaba nunca.

Conformada por una larga entrevista, que seguro que serán varias, en su despacho, foto de La carnaza detrás, que quizá se podría haber iluminado y escenificado con un punto más de elegancia, y una conversación con el director del Festival de Cannes, Thierry Frémaux, junto a jugosos materiales de documentación, tanto de rodajes como de charlas con los artistas en cuestión, Las películas de mi vida despunta, sin embargo, en la excelencia del material expuesto, el puramente cinematográfico, el de las películas en sí. Obras de directores desigualmente conocidos en España, incluso por los especialistas, caso de Marcel Carné y Jacques Becker, o de los insignes, al menos para el que esto escribe, Jean-Pierre Melville y Claude Sautet. Tavernier salta de los cineastas a los actores, como Jean Gabin, y de estos a los músicos (impagable la explicación de Antoine Duhamel sobre la música militarista de estilo antimilitarista en las películas), con el ardor guerrero del gran apasionado. Todo ello sin eludir cuestiones peliagudas, como los devaneos políticos de Jean Renoir ("como cineasta, un genio; como ser humano, una puta"), y dejando para posteriores secuelas a autores tan ineludibles como Louis Malle o Jacques Tati.

 Así, el espectador irá apuntando, en su memoria o a lápiz y papel, toda una serie de películas por descubrir, que convertirán el gustazo de estas tres horas y pico en la satisfacción de cientos de horas de placer cinéfilo futuro. Y poder emular ese glorioso viaje de Melville a Inglaterra durante la II Guerra Mundial, a medio camino entre el espionaje para la resistencia francesa y el deseo de ver por fin Vida y muerte del coronel Blimp, de Powell y Pressburger.

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