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Antonio Ortuño: “Entiendo más al que se envilece ante la adversidad que al que se crece”

El autor mexicano, V premio Ribera del Duero con 'La vaga ambición' por su capacidad para divertir y emocionar a la vez

El escritor mexicano Antonio Ortuño, hoy martes en La Casa Encendida, en Madrid.
El escritor mexicano Antonio Ortuño, hoy martes en La Casa Encendida, en Madrid.

El autor mexicano Antonio Ortuño se ha convertido este martes en ganador del V Premio Ribera del Duero por La vaga ambición, un libro de relatos sobre las miserias de la vida literaria. Ortuño (Zapopan, Jalisco, México, 1976) es uno de los autores mexicanos más destacados de su  generación, brillante cuentista y retratista capaz de convertir los vicios y sentimientos más bajos, pero tan humanos, en literatura pura. Es el quinto ganador de un premio dotado con 50.000 euros, que han ganado antes la argentina Samanta Schweblin, la mexicana Guadalupe Nettel y los españoles Marcos Giralt Torrente y Javier Sáez de Ibarra.

"Esta vez relato los obstáculos y miserias de la vida de los escritores, obligados a recorrer los festivales y talleres de provincias, vivir las antipatías, los egos, las puñaladas en la espalda entre autores, la falta de dinero, de lectores y la picaresca del horror", dispara Ortuño, para definir La vaga ambición. Estamos en La Casa Encendida de Madrid, donde recibe a EL PAÍS. "Es difícil escribir, es difícil que se lea, es difícil que interese y que además tenga repercusión. Si uno cocina una tortilla, basta que tu pareja diga que está buena, pero si escribes quieres algo más, quieres comunicar y socializar, y eso se convierte en una fuente inagotable de frustraciones".

Ortuño tiene voz propia, mordaz y nihilista a la vez, fabulosa, capaz de un alarde de miserias y un desprecio a la virtud que convierte a sus personajes descarnados, viciosos, machistas, vagos y buscadores de atajos en seres surrealistas, que arrancan la sonrisa a la vez que repelen y fascinan al lector. Hay mucha inteligencia en su escritura, como hay una mirada honesta de la debilidad humana, especialmente de la masculina. En esta ocasión, a partir de un álter ego escritor. "La escritura nos hace singulares porque no todo el mundo puede ver la vida a través del lenguaje, pero al mismo tiempo cobramos menos que camareros". El autor concibe la literatura como "un método de lucha y supervivencia con el mundo a través del lenguaje, de un modo bélico y no terapéutico". "Vinimos a cortar gargantas, no a redactar, les digo a mis alumnos en los talleres".

Ortuño es autor de La señora rojo (2010) y El jardín japonés (2007), dos agudos libros de relatos publicados por Páginas de Espuma, y fue finalista del premio Herralde con Recursos Humanos (Anagrama). Considerado por la revista británica Granta como uno de los mejores autores jóvenes latinoamericanos, ha escrito también La fila india (Océano, 2013), una denuncia del racismo mexicano con sus vecinos del sur, y Méjico (Océano, 2015). Pero es, sobre todo, un maestro del cuento: "La novela es el lugar de residencia, con ella construyes esa casa en la que a veces disfrutas en la terraza o te angustias en la habitación o la cocina. El lector, además, puede tener más paciencia contigo. El relato, sin embargo, es como un viaje: más intenso, más veloz, más significativo, no duermes, con una economía de medios narrativos y menos oportunidades para defraudar al lector. Todos los cuentos tienen que ir a noquear".

Hace literatura del vicio y lo reconoce: "Siempre se nos recomienda empatizar con los héroes, cuando en realidad somos más parecidos en lo vil. Entiendo más a quien se enfurece, al débil ante la adversidad que al que se crece en ella. Y a la vez, esa épica cotidiana funciona mejor si está cimentada en el lodazal de vilezas. Si alguno de los personajes trasciende esa concepción fangosa brillará como una gema en un lodazal".

El jurado del premio, presidido por Almudena Grandes e integrado por los también escritores Juan Bonilla y Sara Mesa, el editor de Páginas de Espuma Juan Casamayor, y el presidente de la Denominación de Origen Ribera del Duero, Enrique Pascual García, destacó "el gran dominio que demuestra Ortuño para desarrollar un tema común a todos los relatos, que es la naturaleza de la escritura, y la capacidad humorística que no va en detrimento de la emoción, logrando la hazaña de divertir y conmover al lector". Patricio Pron, Elvira Navarro, Jesús Ferrero y Rodrigo Blanco Calderón eran los otros finalistas.

"Soy satirista y la sátira no es siempre graciosa, pero la buena siempre es necesaria", dice Ortuño. "De lo que se trata es de seguir cavando hasta llegar a la médula de las palabras, a veces con ironía y sarcasmo y a veces tragedia. Mis héroes no son los griegos, sino kamikazes víctimas de sus propias decisiones". El autor ha preferido las novelas de batallas personales a la política sin renunciar a esta, desde una mirada crítica y acerada. "Me gusta hablar de las sociedades a través de las personas, de personajes complejos y no de arquetipos fáciles". El premio le mantiene en un rumbo personal de calidad.