Crítica | Neckan
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Los últimos de Tetuán

Este filme aúna bien el drama familiar, el melodrama romántico, la intriga de espionaje y el cine político alrededor de una muerte violenta en el pasado

NECKAN

Dirección: Gonzalo Tapia.

Intérpretes: Pablo Rivero, Hermann Bonnin, Natalia Plasencia, Roberto Álvarez.

Género: intriga. España, 2016.

Duración: 93 minutos.

El pasado colonial español, semiolvidado por el cine desde la llegada de la democracia, comienza a ser revisitado por una nueva generación, alejándose además, como no podía ser de otro modo, de las exaltaciones patrióticas de los dolores del franquismo. Desde una visión más crítica, y con el poso del tiempo y de la Historia como aliados, Gonzalo Tapia ha dirigido la interesante y más que digna Neckan, película ambientada en el Tetuán de 1956, justo en los días de la retirada española del Norte de Marruecos, uniéndose así, en un corto periodo, a Palmeras en la nieve, sobre Fernando Poo y Guinea Ecuatorial, y 1898: Los últimos de Filipinas.

Basada en una historia original de Juan Ramón Ruiz de Somavia e Iñaki González Esparza, y guion final de Michel Gaztambide y el propio Tapia, Neckan es un relato alrededor de una muerte violenta en el pasado, acaecida en la víspera del Alzamiento, que aúna bien el drama familiar, el melodrama romántico, la intriga de espionaje y el cine político, en una época en la que empezaban a correr tiempos de cierto aperturismo en la dictadura, provocados por las ansias de ser aceptados en la ONU. Con las misteriosas callejuelas de la Medina como aliadas, la película casi nunca decae (solo esa innecesaria sesión de gimnasia al borde del ridículo), gracias a una perfecta graduación de la información, y a una serie de intrigantes personajes que, salvando las distancias, hacen recordar las grandes historias de la Patricia Highsmith más exótica: El talento de Mr. Ripley y Las dos caras de enero.

"A veces la verdad tiene un prestigio que no se merece. Saberla sólo conduce al dolor", dice el gran personaje de la película, interpretado con rostro impenetrable, gesto sutil y vozarrón de ardor guerrero por el habitual profesor, y no demasiado prolífico en cine, Hermann Bonnin. Verdad y pasado; fascistas, judíos y masones; poder y colonialismo. Tapia ha compuesto su mejor película desde Lena (2001), y deja una frase para la reflexión: "La verdadera guerra la ganaron los curas y la perdieron los maestros".

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS