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ANÁLISIS

El triunfo del artista

Todorov ha querido analizar hasta el final la relación del individuo con el poder político e ideológico

Tzvetan Tódorov retratado en 1999 en el barrio parisino de la Bastilla. Ver fotogalería
Tzvetan Tódorov retratado en 1999 en el barrio parisino de la Bastilla. EL PAÍS

Hace apenas unos días, recibí de manos de Susanna Lea, amiga y agente de Tzvetan Todorov, el que desafortunadamente será su último libro. Tanto por el tema como por el título, Todorov no nos podría haber dejado mejor testamento de su obra y su posicionamiento como ciudadano comprometido con su tiempo. El libro trata de la relación de los creadores y los artistas con la Revolución Rusa y el poder que emana de ella. Significativamente, lo ha titulado El triunfo del artista.

Al cerrar la obra de Todorov, este último libro se convierte en una afirmación rotunda de lo que dicha obra ha venido siendo sobre todo desde la publicación en 1981 de La conquista de América, la cuestión del otro: una obra centrada en el ser humano, su relación con la historia y su inserción en la comunidad en la que vive. Y, dentro de esta línea, han ocupado especialmente la atención de Todorov los totalitarismos del siglo XX.

El autor ha querido analizar hasta el final la relación del individuo con el poder político e ideológico, a través de unos de los episodios más cruciales de la historia reciente, la Revolución Rusa de 1917 que dio origen al primer estado totalitario de la historia. En El triunfo del artista, se fija en una serie de creadores y analiza su posición frente a la revolución en dos momentos: en primer lugar la actitud que adoptan en relación con la idea misma de revolución antes de que se convierta en realidad. Y en segundo lugar la relación que se establece, una vez producida la revolución, entre el arte y el poder, entre los creadores y los dirigentes políticos.

Ilumina Todorov una de las principales características de la experiencia totalitaria a la vez que describe el carácter dramático —y casi siempre, trágico— de la vida de los creadores. Es inevitable reconocer el paralelismo vital con la propia experiencia de Todorov, nacido en la Bulgaria comunista. A través de los casos de Bulgakov, Gorki, Meyerhold, Maiakovski, Blok, Pasternak, Tsvietáieva, Pilniak, Ósip Mandelstam, Zamiátin, Babel, Shostakovitch o Eisenstein traza en una especie de retrato colectivo la relación de los artistas y el poder soviético. Pero sobre todo estudia en profundidad la figura de Malévich.

Ya en su libro Memoria del mal, tentación del bien, Todorov había expuesto el conflicto entre totalitarismo y democracia como el acontecimiento más decisivo del siglo XX. Y por lo que podemos ver en estos últimos tiempos, sigue plenamente vigente. De ahí que Todorov haya querido cerrar su libro con una reflexión que acerca el retrato histórico al presente. Y, en nuestros días, en que una vez más parece que el individuo tan poco puede hacer ante las fuerzas de la historia, ¿qué puede significar un título como El triunfo del artista? También hoy, viene a decirnos, si se quiere defender al ser humano contra las fuerzas sociales que lo destruyen para convertirlo en un ser reproducible en cadena, sometido estrictamente a las normas y formateado a voluntad, hay que revivir los valores estéticos, éticos, espirituales que subyacen en las obras producidas por los artistas que estudia en su libro, sin los cuales la humanidad no sobreviviría. Unas obras y unos valores que ni los peores totalitarismos pudieron destruir. Como ningún poder podrá acallar jamás la obra y el ejemplo que nos ha dejado Tzvetan Todorov.

Joan Tarrida es editor de Tzvetan Todorov en Galaxia Gutenberg.

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