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La Orquesta Nacional está de vuelta

El director David Afkham ha visto las posibilidades de hacer de esta apuesta un salto adelante y ha acertado con esta ópera de Strauss en versión concierto

Elektra, Opus 58

Música: Richard Strauss. Libreto: Hugo von Hoffmannstahl. Ópera en versión concierto.

Reparto: Lise Lindstrom, soprano; Manuela Uhl, soprano; Anna Larsson, contralto; Andrew Foster-Williams, barítono, Robert Künzli, tenor.

Orquesta y Coro Nacionales de España. Director: David Afkham. Auditorio Nacional de Música, Madrid. 20 y 22 de enero.

Cinco días antes de que se cumpliera el 108º aniversario del estreno de Elektra, ocurrido en Dresde el 25 de enero de 1909, la Orquesta y Coro Nacionales de España se tiran a la piscina de llevarla a su temporada en versión concierto. Sin duda, su brillante titular David Afkham ha debido de ver posibilidades de hacer de esta apuesta un salto adelante. Tenía razón: la OCNE ha protagonizado un concierto memorable.

Necesitaban para ello, por supuesto, un plantel de solistas de gran nivel y los han tenido: la soprano estadounidense Lise Lindstrom canta una Elektra segura y brillante; la soprano alemana, Manuela Uhl, le da una réplica temible como la hermana Chrysothemis por su capacidad de seducir y en no pocos casos hacer sombra a la protagonista, todo ello desde una voz más sombría. El tercer pilar es el de la mala de la ópera, la madre Klytämnestra; y le ha correspondido a la contralto sueca Anna Larsson, cuyo metal curtido en batallas gloriosas, como el repertorio mahleriano, brilla en un papel que, al menos vocalmente, nos lleva a dudar de qué clase de mala es esa que tiene un canto de terciopelo. No sería justo dejar de citar a los desvaídos hombres de esta ópera, el barítono Andrew Foster-Williams, como un Orest solvente pero que asume su segundo plano sin más, o el tenor Robert Künzli, que cumple como Aegisth. No olvidemos tampoco a secundarios y Coro, que desde la modestia de sus roles están sublimes.

Quizá lo más importante de estas prestaciones vocales, especialmente del trío femenino protagonista, sea la generosidad: tener a la temible orquesta straussiana (aunque se trate de la versión resumida) a un metro de tu espalda soplándote el cogote es un desafío del que se saca poco en claro que no sea poner de relieve puntos débiles de los respectivos registros. Afecta algo a la protagonista que asume un papel que necesitaría dos sopranos complementarias para darlo todo. Lise Lindstrom sufre un poco en su zona media, pero su teatralidad y musicalidad, su ajustada afinación, su dominio de agudos y su inmersión en el papel la convierten en un regalo para el espectador.

Pero quien gana aquí es la orquesta liberada del foso teatral, y la ONE se convierte en la triunfadora. Madura, segura y convincente, vuelve a ser esa orquesta que los aficionados de más edad añoraban. Un lujo cultural en el momento más difícil de nuestro país. No es ajeno a esto el trabajo de David Afkham, un director que lo tiene todo para hacer historia, incluida sobriedad y cercanía comunicativa.

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