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Toros y ‘correbous’

El 25 de septiembre de 2011 se celebró la última corrida en La Monumental pero el toreo moderno se inicia en 1834 en la plaza de El Torín

Serafín Marín hace el paseíllo con barretina y senyera en la feria de San Isidro en 2010
Serafín Marín hace el paseíllo con barretina y senyera en la feria de San Isidro en 2010

El 28 de julio de 2010, el Parlament de Cataluña decidió la prohibición de la fiesta de los toros en la Comunidad por 68 votos a favor, 55 en contra y nueve abstenciones, que entró en vigor el 1 de enero de 2012.

Aceptaba así una Iniciativa Legislativa Popular, avalada por 180.169 firmas, que proponía la desaparición de los festejos taurinos, si bien no afectaba a los correbous, encierros a los que a los toros se les coloca palos encendidos en los cuernos o se les pasea atados (bous embolat), que cuentan con gran tradición en la zona del Ebro, en el sur de Tarragona. De hecho, el 21 de septiembre del mismo año, el último pleno de la legislatura reguló esta práctica por 114 votos a favor, 14 en contra y cinco abstenciones.

El 25 de septiembre de 2011 se celebró en la plaza Monumental de Barcelona la última corrida. Con el cartel de "no hay billetes" colgado en las taquillas hicieron el paseíllo los diestros Juan Mora, José Tomás y el catalán Serafín Marín, quien a las 20.16 horas de aquel día, se dirigió al centro del ruedo, dejó caer las orejas que portaba en las manos, se inclinó y besó la arena. La plaza, puesta en pie, se vino abajo y lo aclamó enfervorizada, mientras el torero, envuelto en lágrimas y con gestos de resignación, correspondía al afecto.

Desde entonces, los toros están desaparecidos de Cataluña. Fue la culminación de un largo proceso de acoso y derribo de los partidos nacionalistas a la fiesta taurina, aderezado por una pérdida de interés de la sociedad, convenientemente mezclada por una evidente dejadez de los empresarios taurinos.

Sea como fuere, Cataluña posee una larga y fecunda historia ligada a la tauromaquia, que se podría resumir en los siguientes hitos:

- Los primeros compases taurinos se remontan al año 1387, pero el toreo moderno toma cuerpo en 1834, con la inauguración de la plaza de El Torín, en el barrio de la Barceloneta. La afición a los toros alcanza tal auge que se produce el hecho insólito de que, entre los años 1914 y 1923, funcionan tres plazas en Barcelona: El Torín, Las Arenas y la Monumental; y éstas dos últimas, conjuntamente, hasta 1977.

- Un catalán llamado Pedro Balañá compró la Monumental en 1947 y se convirtió en el empresario taurino más importante de la historia. Fue un auténtico revolucionario, convirtió a Barcelona en el centro del mundo taurino, y por sus plazas -también regentaba Las Arenas-pasaron todas las grandes figuras de la tauromaquia.

- Muerto Manolete, un torero onubense de nombre Chamaco se erige en el ídolo de la afición catalana. Hasta 178 tardes llegó a torear en Barcelona, muchas de ellas en compañía de un catalán de finas maneras, Joaquín Bernadó, que ostenta el récord de actuaciones en la Ciudad Condal: 250 corridas y más de 40 novilladas.

- En 1988, Pascual Maragall, alcalde de Barcelona, impuso a Bernadó la Medalla al Mérito Turístico, y pronunció unas palabras para la historia: “Los que nieguen la tradición taurina de Cataluña desconocen su historia”.

- En 1965 falleció Balañá y con él se marchó la grandeza taurina catalana. Irrumpió el turismo, el toro bravo se desnaturalizó y con el progreso económico surgieron otras formas de ocio, al tiempo que la afición comenzó a desertar de las plazas ante la inoperancia empresarial.

- La historia ha demostrado, además, que la tauromaquia nunca sirvió en Cataluña como elemento vertebrador. De hecho, allí no pastan ganaderías bravas, a excepción de cuatro encastes dedicados en exclusiva a los correbous, y sólo existe una escuela taurina de carácter privado y que no recibe subvención de ningún organismo oficial.

- De todos modos, al tiempo que se esfumaba la afición a los toros, se ponía en marcha una estrategia política, promovida por los partidos nacionalistas para hacer desparecer todo lo relacionado con la fiesta. Así, en 1988, en Parlament promulga la Ley de Protección de los Animales, que impide la celebración de festejos en plazas portátiles, y prohíbe la presencia en los festejos de los menores de catorce años. Posteriormente, en 2005, el Ayuntamiento de Barcelona declara a la capital catalana como ciudad antitaurina, acuerdo que se repite en numerosos municipios, de tal modo que por ésta u otras razones parecidas, se cerraron todas las plazas, a excepción de la Monumental: Tortosa, Olot, Tarragona, Sabadell, Figueras, Manresa, Camprodón, Mataró, Gerona, Vic Cardona, San Feliu de Guixols y Lloret de Mar.

- De este modo, en 2009, la plaza barcelonesa solo programó 18 festejos, y los abonados no superaban los cuatrocientos aficionados.

- Ese mismo año, los partidarios de la abolición presentaron en el Parlament 180.169 firmas contra los toros, y el 18 de diciembre fue admitida a trámite la Iniciativa Legislativa Popular, que culminó el 28 de julio de 2019 con la prohibición definitiva.