Dallas recorre el arte español de la primera mitad del siglo XX

El Meadows Museum reúne un centenar de obras fuera del foco de las grandes figuras

'Pájaros' (1947), obra de Óscar Domínguez.
'Pájaros' (1947), obra de Óscar Domínguez.MUSEO PATIO HERRERIANO

En la texana Dallas hay una reunión de palazuelos, millares, chillidas, oteizas, dalís y chirinos. Es una oportunidad única de recorrer el panorama artístico español de la primera mitad del siglo XX. La muestra Modern Spanish Art, en el Meadows Museum, hace, desde hoy, domingo, y hasta el 29 de enero de 2017, una lectura diferente de las que se habían hecho hasta ahora en Estados Unidos sobre el arte de España, más centradas en primeras espadas como Picasso, Dalí o Miró.

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El comisario de la exposición, Eugenio Carmona, defiende las nuevas narrativas para contar la modernidad española: las corrientes artísticas que surgen a partir de 1915-1916 al relacionarse con la modernidad europea y que durarán hasta finales de los cincuenta. Según él, no se ajustan a la manera convencional de tratar la historia del arte de ese periodo. "La Guerra Civil se toma como un obstáculo insalvable para los artistas que trabajan en esta etapa. Eso es matarlos dos veces, no siempre es verdad. Hay ejemplos como Pancho Cossío, Benjamín Palencia o Ángel Ferrant que trabajan antes del conflicto y continúan después".

Carmona plantea cinco ámbitos, cada uno gira en torno a una idea y aunque no le gusta la palabra "transversalidad", por manida, reconoce que es una de las características de esta etapa, que en esta exposición se pretende mostrar sin los corsés de los manuales de Historia del Arte. "Ahí estaban Alberto Sánchez y Benjamín Palencia, ambos fundadores de la Escuela de Vallecas y, sin embargo, opuestos políticamente. Palencia se quedó en la España de Franco y Alberto se fue a Moscú".

El paseo por Modern Spanish Art comienza por los nuevos realismos, con obras de Josep de Togores o Maruja Mallo que reflejan una sociedad en plena transformación. Continúa por el arte constructivo que parte del cubismo de Juan Gris y llega a las obras de Oteiza, pasando por Julio González, el Equipo 57, Palazuelo y plasmando la conexión con el arte latinoamericano de Torres García. Un constructivismo que muestra como el arte español no solo se regía por la pasión o por el espíritu exaltado, también hay un hueco para lo racional, lo medido, lo geométrico. Y de lo matemático a la naturaleza, en una tercera área que muestra la fusión de la modernidad con las raíces de artistas que ya habían llenado sus ojos con miradas contemporáneas. Las mismas con las que contemplaban y plasmaban los paisajes de sus raíces, como Benjamín Palencia o Alberto con su naturaleza manchega o Chirino y Millares con la canaria.

'Collage' (1954), de Manolo Millares.
'Collage' (1954), de Manolo Millares.MUSEO PATIO HERRERIANO

Las dos últimas zonas, las dedicadas al surrealismo y a los nuevos lirismos, reflejan estas corrientes traspasando fronteras. El surrealismo en España se extiende, "lo llevan a otros lugares y lo expanden tanto geográfica como cronológicamente", afirma Carmona, que destaca las obras de Óscar Domíguez y de Ángel Ferrant. Para acabar con la expresión libre, un ejercicio de libertad y de pintura pura.

Una exposición en el corazón de Texas en la que dialogan en español las más de 90 obras que la conforman, la mayoría procedentes de la Colección Arte Contemporáneo, cuyos fondos se encuentran en el Patio Herreriano (Valladolid) y seis de la colección del Meadows. Un museo fundado hace más de 50 años por el empresario y filántropo Algur H. Meadows que, tras sus visitas de negocios a España, quedó fascinado por el Museo del Prado y quiso hacer un "pequeño Prado en su ciudad", en él se puede ver arte español desde la Edad Media hasta obras contemporáneas como una escultura de Jaume Plensa, especial importancia tienen los fondos del Siglo de Oro. Y no es extraño oír hablar español en Texas, donde lo hace casi alrededor de un 30% de sus casi 27,5 millones de habitantes.

Con Modern Spanish Art se ha ido cronológicamente más allá del Prado y se ha logrado un pequeño Reina Sofía en Dallas, exposición que The New York Times ha destacado como una de las obligatorias para el otoño.

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