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CRÍTICA | EL FUTURO YA NO ES LO QUE ERA CRÍTICA i

Autoayuda de teletienda

un maremágnum de ideas y géneros, de reflexiones y de gags, que más parecen tirados al vuelo que estructurados

EL FUTURO YA NO ES LO QUE ERA

Dirección: Pedro Barbero.

Intérpretes: Dani Rovira, Carmen Maura, Carolina Bang, Lucía de la Fuente.

Género: comedia. España, 2016.

Duración: 115 minutos.

En estos días es posible que se hayan topado con el cartel de El futuro ya no es lo que era, y que los ojos se les hayan salido de sus cuencas. La ausencia de gusto y de talento, de autocrítica y de sentido de la composición, se hacen carne en un sello promocional en el que colores e imágenes se matan unos a otros en una batalla por ver qué elemento resulta más repulsivo a una mirada, no ya formada, sino de puro sentido común. Pues la película es igual: un maremágnum de ideas y géneros, de reflexiones y de gags, que más parecen tirados al vuelo que estructurados. Pedro Barbero, 15 años sin hacer cine, desde la infame, aunque mejor que ésta, Tuno negro, puede haber compuesto uno de los proyectos más terribles del cine español de los últimos años.

Presunta comedia que arranca demostrando lo distinto que es un monólogo teatral del club de la comedia y contar un mal chiste a cámara, la película se va deslizando poco a poco desde el sainete costumbrista con toques new age hasta un melodrama de autoayuda en el que todo cabe: desde una defensa de la tolerancia con la sexualidad, que intenta hacer olvidar "el chiste de maricones" de media hora antes, hasta un mensaje de teletienda sobre el sentido de la vida. Así, en abstracto, y en pedante.

De puesta en escena pedestre, y además pretenciosa, demostrando que la película puede hacer posible lo imposible, El futuro ya no es lo que era es una de esas producciones con las que solo cabe una pregunta: cómo ha podido ir pasando cribas, y sumando adhesiones profesionales, independientemente del dinero, hasta culminar en el día de hoy con su estreno en las pantallas de cine. Eso sí, un respeto para Carmen Maura, capaz de otorgar dignidad a todas sus líneas de texto. Y eso no es meritorio, es imponente. Cuando oigan el chiste del cáncer de ovarios, quizá lo confirmen.

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