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Viggo Mortensen y el esfuerzo de escuchar a Donald Trump

‘Captain Fantastic’ reflexiona sobre el dogmatismo imperante

El actor Viggo Mortensen en una imagen de 'Captain Fantastic'.

En tiempos de Transformers, abotargados cuerpos de élite, amenazas extraterrestres y mercenarios pasados de edad pero rezumantes de testosterona, es decir, en los tiempos actuales de la cartelera española, que alguien considere a Noam Chomsky como su superhéroe favorito suena más a ciencia ficción que las aventuras de un grupo de villanos que luchan contra una bruja con la aquiescencia de Batman. En Captain Fantastic —que se estrena en España el 23 de septiembre— seis críos, hermanos, consideran al eminente lingüista y activista estadounidense su titán. “No está mal. A Chomsky le cuesta llegar a los periódicos estadounidenses. Es más conocido en prensa alternativa, en círculos académicos y en Europa, que a sus compatriotas de a pie”, cuenta su protagonista, Viggo Mortensen (Nueva York, 1958). "No sé que habrá pensado mucha gente que no lo conocía. Básicamente, Captain Fantastic habla de lo heroico que es ser padre. Es imposible ser un progenitor perfecto, es un proceso que avanza, en el que luchas a veces de forma casi cansina y constante. Así es la vida y no existe en ella la perfección. Lo que tampoco quiere decirse que puedas rendirte”.

Una ovación insospechada en Cannes

Captain Fantastic pasó por Sundance y en Cannes, donde se llevó una inusitada ovación, extraña en el certamen francés, y el premio a la mejor dirección en la sección Una cierta mirada para su realizador, el también actor Matt Ross. “Fue impresionante. De Sundance salimos contentos, y Matt me preguntó: ‘¿Cómo nos irá en Cannes?’. Yo no sabía: el primer pase era nocturno, el público era una mezcla de periodistas y gente que había comprado su entrada... Algo impredecible. Me sorprendió la magnitud del griterío y del aplauso. Nunca he vivido algo así en este certamen”.

Mortensen asegura que dice que no a tantas superproducciones como a propuestas de cine indie. “Busco cuentos que me gustaría ver en pantalla. Ese es mi único criterio. Y no me ha ido hasta ahora mal, ¿no?”.

¿Cómo es Viggo como padre? “Muchos quieren ser amigos de sus hijos, darle toda libertad posible, que coman todas las chucherías que deseen. Yo creo que necesitan un marco, un poco de disciplina que les deje desarrollarse. Mi base se parece bastante al de mi papel en la película, en apostar por ser completamente honesto. Se debe hablar de cualquier tema e impulsar una curiosidad constante. Pero en el filme yo creo que le pierde la manera en que afronta las charlas con sus hijos. Yo usé otras palabras”.

Su personaje, Ben, vive junto a su esposa y su media docena de vástagos en los bosques del noroeste de Estados Unidos. Allí les educa de manera muy especial, libre, alternativa, directa... Habitan un mundo idílico que estalla cuando la madre se suicida y el resto deberá volver a la civilización para luchar para recuperar el cuerpo de la fallecida. “Su arrogancia le pierde. Él cae en la trampa del dogmatismo que tanto echa en cara a los otros. Yo creo que en el fondo refleja un problema de la sociedad actual. No me gustan las películas con mensaje, con un punto de vista cerrado... Este guion me encantó porque apuesta por ser flexible y humilde, escuchar los otros puntos de vista. Sí, hasta la gente que odias. Esta película va a marcar un momento histórico para EE UU y también para España. Vivimos una polarización que marca la política y a la gente en la calle”.

Mortensen respira un momento, su suave castellano argentino de deje porteño se apaga, y vuelve sin dar tiempo a otra pregunta. “Es difícil progresar sin escuchar, como se ve hoy en día. Por eso habrá terceras elecciones. Y yo no recuerdo en EE UU desde finales de los setenta, que la sociedad estuviera tan dividida por etnia, religión, región, clase social, económica... Y no es solo por Trump o si Hillary dice lo otro. No, Trump es el producto de esa polarización, no su impulsor. Es de hipócritas o ignorantes preguntarse ‘¿De dónde salió este bicho?’. No entiendo por qué sorprende. Es un oportunista que suma un par de ideas malas —se ha dado cuenta de que la división y el juego a que todo es blanco o negro funciona—, pero que recoge lemas que vienen de décadas atrás. Así que este bicho nace de nosotros. Lo mismo ocurre en España. ‘¿Cómo puede ser que haya tanta corrupción y gobierne quien gobierna’. Pues bien fácil, porque le hemos votado”.

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