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Lope de Vega, autor de ‘Romeo y Julieta’

A través de los amantes de Verona, la joven compañía Tresdosuno trenza una fábula sobre el acoso a menores en las redes sociales

Un grupo de actores durante la representación de 'Verona' de Jorge García Val y Javier Sahuquillo.
Un grupo de actores durante la representación de 'Verona' de Jorge García Val y Javier Sahuquillo.

Imagínense una red social donde se habla en octosílabos, los amores son tan puros y exaltados como el que siente Julieta por Romeo y el crimen aguarda a la vuelta de la esquina. Se llama Verona, en la comedia homónima donde Jorge García Val y Javier Sahuquillo, dos talentos jóvenes, releen Castelvines y Monteses, hermosa y olvidada obra en la que Lope de Vega bebe, hacia 1607, de la misma novella de Mateo Bandello que inspiró a Shakespeare. Nada sabía el autor madrileño de la tragedia que el inglés había escrito diez años antes, pues no se tradujo al castellano hasta casi dos siglos más tarde.

VERONA

Autores: y directores: Jorge García Val y Javier Sahuquillo, a partir de Castelvines y Monteses, de Lope.

Intérpretes: Ariana Calahorro, Jorge Eliseo Gómez, Nicolás Illoro, Santiago Martínez, Gloria Román, Víctor Sáinz Ramírez, Mario González Serrano.

Festival de Almagro, 21 de julio. Madrid, Teatros Luchana, 24 y 25.

En la pieza de Sahuquillo y García Val, la trama de la comedia lopesca se entrelaza con la investigación de la muerte de un usuario de Verona, que coincide sospechosamente con la muerte del alias o avatar que utilizaba: Octavio, en la red social, es primo y pretendiente de Julia, protagonista de la obra de Lope. A diferencia de la Julieta shakespeariana, Julia es una joven resuelta, que toma la iniciativa en el amor y se las ingenia para dormir con su Roselo (Romeo) durante un par de meses, sin que nadie se aperciba. Como sucede con la Leonarda de La viuda valenciana o la María de La moza de cántaro, Lope muestra a través de Julia su conocimiento íntimo del alma femenina, fraguado en el roce mutuo: por amores sufrió cárcel, pasó años de destierro en Valencia, so pena de muerte, y fue vuelto a procesar. Las mujeres fueron el motor de su vida.

La versión de Rojas Zorrilla

Antes de que Bandello escribiera su novella sobre los amantes de Verona, Masuccio Salernitano y Luigi da Porta habían escrito las suyas: Mariotto e Ganozza y GiulIetta e Romeo. Rojas Zorrilla, comediógrafo de la hornada de Calderón, tira de ambas para glosar a su modo la pugna entre Montescos y Capeletes (sic) en Los bandos de Verona, pieza que inauguró el Coliseo del Buen Retiro (1640) y que se siguió reestrenando hasta mediados del XVIII.

Menos éxito tuvo la obra de Lope, oscurecida por su mucha producción, y por la confección erudita de un discutible canon aurisecular. En 2004, la directora Aitana Galán y la joven compañía José Estruch rescataron Castelvines y Monteses, en el Festival de Almagro, ciudad donde la compañía titular del Corral de Comedias tiene en repertorio un Romeo y Julieta que refunde a Shakespeare, Lope y Rojas Zorrilla.

En la finura y desarrollo psicológico de sus personajes femeninos, se trasluce que los escribió para actrices que conocía y amaba, con alguna de las cuales tuvo hijos (Elena Osorio, Micaela de Luján, Jerónima de Burgos, Lucía de Salcedo…), mientras que Shakespeare había de escribir los suyos para actores travestidos. El oficio de cómica en España y en Italia fue legal 90 años antes que en Inglaterra, donde las prohibiciones al acceso femenino a los escenarios se sucedieron hasta la segunda mitad de siglo XVII.

Verona entrevera ágilmente la comedia amorosa con el drama policial, el verso con la prosa, lo sublime con lo inicuo, la presencia de nativos de la era digital con la de los personajes lopescos que utilizan como avatares, para hablar, al cabo, de la red social como bosque donde los lobos se travisten de abuelitas, para merendarse a Caperucita internauta.

Al mérito de rescatar una de las muchas obras de Lope orilladas por ignorancia, indolencia e inercia crítica, Sahuquillo y García Val suman el de imbricarla en un tema de actualidad plena: su arrojada navegación entre lo clásico y lo contemporáneo es una metáfora de los peligros que arrostran los adolescentes en la red.

Tras un preestreno de rodaje en la sala García Lorca de la RESAD madrileña, cabe hablar de la hermosa energía de Ariana Calahorro, una Julia palpitante, jovencísima y magnética; de la luz que Gloria Román le presta a Dorotea, del encanto de Nicolás Illoro en su doble papel; de la ductilidad de Víctor Sáinz, cuyo aire, cuando encarna a Pedro, es el de un Charles Laughton joven y magro; de la efectividad de Santi Martínez, el pulso con el que Jorge Eliseo Gómez sostiene la labor de zapa del inspector, y la generosa participación coral de Mario González Serrano.

Con la luz, Rubén Valero crea atmósferas sugestivas y separa los dos universos de la obra, en un espacio poético de Mario González. Expresivos también, el vestuario, de Sergio Guerra, y el movimiento, orquestado por Félix Cadenaba. Verona se estrena hoy en La Veleta, sede del Almagroff, sección del Festival de Almagro donde van a concurso compañías jóvenes y prometedoras, que dialogan de tú a tú con los clásicos. En Madrid, Verona se representa en los Teatros Luchana el 24 y el 25 de julio, en un escenario algo chico para la profundidad escénica con la que la función está planteada.