CRÍTICA | ESPERANDO AL REY
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Vendiendo fantasmas

La película se abre con una inesperada extravagancia del director para pasar a detallar la extenuante espera de su personaje en un entorno hostil

Imagen de 'Esperando al rey'.
Imagen de 'Esperando al rey'.

ESPERANDO AL REY

Dirección: Tom Tykwer.

Intérpretes: Tom Hanks, Sarita Choudhury, Alexander Black, Sidse Babbet Knudsen.

Género: drama.

Alemania, 2016

Duración: 98 minutos.

Resulta tentador ver en Alan Clay, el protagonista de esta película, a una contrafigura del propio Tom Tykwer: ambos son hombres enfrentados a su pérdida de significado. El cineasta lleva años embarcado en extrañas derivas, sin poder afirmar esa identidad autoral que quizá, ya en los tiempos de Corre Lola, corre (1998), no fue más que un efímero espejismo. Clay, el personaje que encarna Tom Hanks en Esperando al rey, perdió su sentido en el escenario de la economía global, arrastra un cargamento de culpa relacionado con la deslocalización empresarial y, en la trama, parece confiar el último cartucho de su redención a algo tan frágil que casi resulta intangible: vender un fantasma (o algo muy parecido) en una ciudad que quizá nunca llegue a existir.

Adaptación bastante fidedigna de Un holograma para el rey de Dave Eggers, la película se abre con una inesperada extravagancia del director —una recreación del Once in a Lifetime de los Talking Heads en boca de Tom Hanks y en clave de anti spot publicitario— para pasar a detallar la extenuante espera de su personaje en un entorno tan hostil y opaco como la Ciudad Económica Rey Abadlá en las proximidades de Yida (Arabia Saudí). Tanto a la novela como a la película les viene grande la referencia al Esperando a Godot de Beckett, pero Tykwer consigue ser fiel a Eggers en el respetable arte de ofrecer un espectáculo seductor a partir del tedio y proponer una sintética mirada a la perplejidad y vulnerabilidad del americano medio en los no lugares de la nueva economía.

Sorprende descubrir hasta qué punto la voz de Eggers encaja en el cuerpo de Tom Hanks: en ambos hay una pervivencia de una cierta inocencia americana muy Caballero sin espada y, también, una solvencia y un gusto por la claridad sin el menor atisbo de cinismo. Leves detalles del original literario se matizan, pero Esperando al rey no es sólo una adaptación honesta: también es una película enérgica, inteligente y anómala con un actor generoso que se agarra a su personaje como si fuera el último tren de su vida.

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