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El romanticismo más puro aterriza en el Teatro Real

El coliseo madrileño presenta 'I puritani', de Bellini, con dos atractivos repartos encabezados por los tenores Javier Camarena y Celso Albelo

Damrau y Camarena, en el centro, durante un ensayo de 'I Puritani'.
Damrau y Camarena, en el centro, durante un ensayo de 'I Puritani'. Teatro Real

Son 38. Pero parecen cientos. Casi cuatro decenas de lámparas de brazos de cristal que, reflejadas sobre un juego de espejos, parecen rozar el infinito. Como una suerte de puerta a un mundo de cuento. Todas ellas se extienden sobre un escenario en blanco y negro que verá nacer una historia de pasión, celos y locura cantada por dos repartos de infarto. A un lado del cuadrilátero el tenor mexicano Javier Camarena y la soprano alemana Diana Damrau. Al otro, el canario Celso Albelo y la rusa Venera Gimadieva. El Teatro Real, en coproducción con el Teatro Municipal de Santiago de Chile, estrena este lunes, 4 de julio, en Madrid la ópera I puritani, de Vincenzo Bellini (1801-1835), que cuenta con la dirección de escena de Emilio Sagi y con el maestro italiano Evelino Pidò al frente de la orquesta.

I puritani

Música de Vincenzo Bellini. Con Javier Camarena y Celso Albelo (Lord Arturo Talbo), las sopranos Diana Damrau y Venera Gimadieva (Lady Elvira Valton), los barítonos Ludovic Tezier, George Petean y Damiano Salerno (Sir Riccardo Forth) los bajos Nicolas Testé y Roberto Tagliavini (Sir Giorgio), la mezzosoprano Annalisa Stroppa y la soprano Cassandre Berthon (Enriqueta).

Teatro Real, del 4 al 24 de julio.

Damrau será una de las sopranos encargadas de dar vida a Elvira, protagonista de la obra de Bellini. Una mujer sensible y enamorada que acaba presa de la locura al sentirse traicionada. “Es joven e inocente, ajena a los conflictos políticos de su alrededor. El único motivo por el que vive es su amor, y cuando su alma romántica se ve engañada, se acaba el mundo para ella”, explica la soprano alemana. Hay luces pero también sombras en el personaje de Elvira que, como destaca Damrau, tiene momentos de tristeza pero también de brillantez, porque siempre alberga la esperanza de tener un final feliz. “Es un papel difícil. En el belcanto, tu voz tiene que trabajar como un instrumento, lleno de drama y de sentimiento”, explica la cantante, para la que I puritani es una de las mejores óperas de Bellini. “Tiene de todo. Melodías bellísimas y un lirismo genial. Para mí es una absoluta alegría cantarla”.

Un testamento musical

I puritani suponía un auténtico reto para Bellini. Era su debut en Paris y quería demostrar su valía como orquestador. Esto explica que tardara casi un año en darle forma a la partitura y que de sus múltiples rectificaciones resultara uno de sus mejores trabajos instrumentales. “Es quizás su ópera mejor orquestada. Es posible que Bellini sintiera que era la última. Es una especie de testamento musical”, explica Pidò. Así fue, el compositor murió varios meses después de su estreno.

Pero dejó una partitura plagada de hermosísimas melodías, a pesar de contar con un libreto de Carlo Pepoli algo vago. Sin embargo, Pidò no solo ha querido poner el foco solo en su musicalidad. “No hay que olvidar que se trata de una ópera teatral, es por lo tanto muy completa. El recitativo también es importante, es la esencia de aquello que viene. Introduce la atmosfera del momento, el carácter del personaje… Intento encontrar esos tiempos porque tienen vida propia pero, si no se hacen bien, pueden ser aburridos”, apunta el director de orquesta.

Evelino Pidò (izquierda) y Emilio Sagi.
Evelino Pidò (izquierda) y Emilio Sagi. Teatro Real

Si algo destaca de la producción que el Teatro Real presenta ahora sobre las tablas es su marcado carácter romántico. Desaparece de la escenografía todo rastro de color, dando como resultado una historia en blanco y negro que se aleja de la realidad para trasladar al espectador a un universo casi onírico. Apenas se dibujan pinceladas de la guerra civil inglesa que enfrentó a los puritanos y a los eduardianos. Tampoco hay castillos ni trajes de mosqueteros. “Quería un vestuario abstracto, que diera una noción histórica, pero que la escenografía estuviera lo más alejada de la realidad”, argumenta Sagi, que ha creado una puesta en escena casi surrealista, con influencias de artistas como la pintora hispano-mexicana Remedios Varo.

El sentimiento exacerbado se destila de cada nota y prima sobre el realismo histórico. “En el belcanto, sobre todo en el dramático, si sigues el argumento punto por punto de una manera real corres el riesgo de resultar ridículo. Es importante contar lo que pasa, pero la importancia teatral no está en la anécdota. Sin embargo, de la fuerza romántica y exageradamente sentimental que tiene la música resulta un producto aéreo y visionario”, sentencia el director de escena.