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Woody Allen: un “zombi” en Cannes

El cineasta afronta con humor su décimocuarta participación en el festival. Su nueva película, 'Café Society’, viaja al Hollywood de los años 30 y abre hoy la 69 edición del gran certamen

Festival de Cannes 2016.  Los actores Jesse Eisenberg y Kristen Stewart y el director Woody Allen, en el rodaje de 'Cafe Society'.

Con Woody Allen nada cambia. No cambia ni su camisa, raída hasta caerse lo mismo que sus habituales pantalones caquis, con un brillo sospechoso en las rodillas. El jersey directamente está agujereado pero no hay tiempo para moda cuando uno tiene 80 años y está preparando a la vez el estreno de su próxima película en Cannes, Café Society, su vuelta a la televisión con una serie limitada y su nuevo rodaje previsto para el verano. “Yo no soy más que la excusa para ir a Cannes. La que disfruta es mi esposa. Se junta con sus amigos, se va por ahí y le encanta el sur de Francia. Yo salgo del avión a hacer entrevistas con todos los países del mundo, de la mañana a la noche, solo, en grupo y luego me sacan por la alfombra roja como un zombi: ‘mira a la derecha, a la izquierda, da la vuelta’, hasta que me ponen en un avión para casa”, cuenta a EL PAÍS. Es la que le espera hoy, el día en que el festival de cine más importante del mundo abre sus puertas, precisamente, con la proyección de su última película.

Pese a las continuas lamentaciones, le va la marcha. Café Society es la duodécima película que Allen lleva al Festival de Cannes, eso sin contar esos otros dos títulos de los que formó parte sin dirigir. También es la tercera que inaugura esta prestigiosa muestra internacional de cine —tras Hollywood Ending (2002) y Midnight in Paris (2011)— así que tan mala no puede ser la experiencia. “Es cierto que me encanta pero no son vacaciones. No me queda tiempo ni para respirar, ni para ver a mis amigos o ver nada. Mi esposa es la que disfruta”, insiste sobre su viaje en el que llegará, una vez más, acompañado por su mujer Soon-Yi. “Si fuera por ella estaríamos viajando por Corea, Japón, el lejano Oriente. Pero yo me aburro en los aviones. Me ponen nervioso. Además, no soy nada curioso. Me dan igual los sitios. Por mí no saldría de estas cuatro manzanas”, asegura contento con su Manhattan natal.

Sin embargo, en los últimos años la filmografía de Allen no hace más que viajar. Café Society también es un viaje en el tiempo, al Hollywood dorado de los años 30 al que llega un joven neurótico en busca de una oportunidad y algo de amor. Jesse Eisenberg repite como avatar de Allen y entre las musas de su deseo están Kristen Stewart y Blake Lively.

"Es una historia muy romántica que también es una trama familiar, muy de novela, porque eso es lo que quería, escribir un libro”, comenta. No da más explicaciones y por supuesto lo último que dio de su 47 película fue el título. “No quiero ser el que te diga lo que te va a gustar. De hecho, yo siempre me quedo descontento con todo lo que hago. Y esta no va a ser la excepción”, amenaza quien se quedó tan descontento con Manhattan que propuso a sus productores que no la estrenaran. El resto fue historia.

Como declaró recientemente en la revista The Hollywood Reporter sólo salvaría de la quema La rosa púrpura del Cairo, Match Point, Husbands & Wives y probablemente Zelig y Midnight in Paris. Algo que no le impide seguir intentándolo a un ritmo inusitado de un estreno anual durante los últimos 35 años, algo que la edad solo parece acelerar a juzgar por el rodaje de la miniserie de seis episodios de media hora que acaba de preparar para Amazon y todavía sin título o trama que quiera compartir. Amazon es también la productora de Café Society, una lujosa cinta de época cuyo presupuesto podría haber superado los 26 millones de euros. Una cifra elevada para una película de Allen y por la que la compañía dedicada al comercio electrónico habría pagado más de la mitad. Toda una ironía para un hombre que sigue sin tener ordenador y reniega de las nuevas plataformas mientras trabaja para ellas. “No me habrían gustado ni de joven, donde lo único que deseaba era ir al cine”, añade este defensor del medio que se ha pasado a la competencia.

Pese a sus comentarios, Allen sigue muy en contacto con la realidad que le rodea. En concreto, con la política. Es un firme defensor de Hillary Clinton como futura presidenta de Estados Unidos aunque dice que nunca han coincidido personalmente con ella. Al que conoce es a Donald Trump, el cantado candidato republicano. “Participó en uno de mis filmes. En Celebrity. Es un teatrero y le sale de natural”, asegura con más cariño que crítica. Como admite el cineasta, tiene sentimientos encontrados sobre la actual campaña electoral. “No niego que me divierte pero me da igual quién sea el candidato republicano, este es el año de Hillary”, afirma.

Los nuevos mecenas

La colaboración de Amazon con Woody Allen no es más que el principio. La compañía digital busca su puesto en el mercado cinematográfico como ya lo hizo en el televisivo con series como Transparent y Mozart in the Jungle. Su plan es el de llegar a las salas con directores de prestigio como Allen. Su primer estreno, Chi-Raq, de Spike Lee, no fue lejos pero su cantera incluye el último trabajo de Kenneth Lonergan, Manchester by the Sea, uno de los filmes mejor recibidos en Sundance, Love & Friendship, de Whit Stillman o Elvis & Nixon, con Michael Shannon y Kevin Spacey como los respectivos iconos citados en el título. Como pudo comprobar Netflix con Beasts of No Nation, el camino es cuesta arriba. Las salas no quieren proyectar filmes con una corta ventana de distribución y los académicos no quieren ver unos trabajos que desdeñan como televisivos. La presencia de Café Society en la 69 edición del Festival de Cannes puede ayudar a cambiar esta percepción.

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