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Un documental narra el hallazgo de los restos atribuidos a Cervantes

El filme se centra en las evidencias científicas e históricas que prueban que los huesos hallados en Madrid son del autor de 'Don Quijote de la Mancha'

Los investigadores, en el convento de las Trinitarias (Madrid), en 2015.

Miguel de Cervantes Saavedra murió pobre y sin gloria enterrado en un antiguo convento de Madrid el 22 de abril de 1616. Cuatrocientos años más tarde, meses después de que sus restos fuesen descubiertos en la misma iglesia de las Trinitarias donde recibió la sepultura, el documental Cervantes, la búsqueda —presentado el jueves en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Madrid— narra la historia del hallazgo: cómo un grupo de científicos e historiadores encontraron los restos fragmentarios de la máxima figura de la literatura española durante la exploración de nichos y tumbas en la cripta del convento madrileño de las religiosas trinitarias.

Aunque no está garantizado al 100% que los restos hallados sean de Cervantes —es imposible porque no se puede realizar la prueba de ADN—, el documental se centra en las evidencias científicas e históricas que prueban que los huesos son del autor de Don Quijote de la Mancha o Persiles. "La idea de grabar nace para reflejar toda la investigación, esfuerzo y trabajo del equipo de científicos", cuenta el director de la película, Javier Balaguer.

Los restos de Cervantes se encontraron fragmentados y mezclados con los de otros 16 difuntos, incluida su esposa, en una tumba del convento madrileño, situado en el barrio de Las Letras. Los huesos, de seis hombres, cinco mujeres y seis niños, fueron enterrados en un caja situada a un metro y 35 centímetros de profundidad alrededor de 1730, un siglo después de la muerte del escritor. La reducción de restos obedeció al traslado entre 1673 y 1698 de la iglesia primitiva a otra de nueva construcción, ambas dentro del perímetro conventual. Los vestigios óseos más atribuibles a Cervantes son los de cuatro adultos, concretamente una mandíbula que registra caídas de piezas ante mortem. Pero, sobre todo, el documento estrella de la investigación —y también del documental— es un libro de cuentas de 1697 del archivo del convento encontrado por el historiador Francisco Marín Perellón. En el mismo se registró el 8 de octubre de ese año el coste para que el sepulturero Miguel Ortigosa mudara los restos de los 17 muertos sepultados en la vieja iglesia —entre los que estaba el escritor— a la nueva por 13.600 maravedís.

Poco apoyo de la administración

A pesar de su afán documentalista, en los 70 minutos de película el director mezcla realidad y ficción: el fantasma de Cervantes, interpretado por Ramón Barea, y el de Lope de Vega, por Ginés García Millán, se entremezclan con las entrevistas a protagonistas, cervantistas y expertos. "También es un trabajo de creación. Por un lado, quería contar todo el proceso de excavación pero, por el otro, me faltaba algo, y era que Cervantes hablase y estuviese aquí para contar partes de su vida", explica Balaguer.

El 23 de abril de 1616 murieron Cervantes y William Shakespeare —aunque es la misma fecha no es el mismo día porque el calendario inglés iba con retraso con respecto al español—. En el filme también se compara el cuarto centenario de la muerte del poeta y dramaturgo inglés con el del escritor español: mientras la Comisión Nacional que se encarga de los actos en conmemoración de Cervantes ha organizado 358 actividades, que tendrán lugar en distintos puntos del globo, con un presupuesto de cuatro millones de euros, el Gobierno encabezado por David Cameron se ha gastado —con la ayuda de una institución privada— más de siete solo en 2015. "La comparación sonroja", dice el documental.

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