CRÍTICA | LA INVITACIÓNCrítica
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El consuelo en la modernidad

Película sobre el apocalipsis, el bíblico y el interior, es una espeluznante obra sobre la nueva religión

Fotograma de 'La invitación'.
Fotograma de 'La invitación'.

Las reuniones de viejos amigos alrededor de la cuarentena de edad tras cierto tiempo sin verse son casi un subgénero desde la fundacional Reencuentro y la muy influyente Los amigos de Peter. Unas veladas donde el clímax siempre lo ejerce la catarsis emocional comunitaria por lo experimentado en el pasado y las huellas interiores marcadas en cada uno de sus miembros. La invitación, película estadounidense de corte independiente, nace en principio como una de estas articulaciones del drama generacional, pero sería un error verla como una más porque dos aspectos fundamentales la separan del grupo. Primero, sus derivaciones hacia la película de intriga e incluso del thriller. Y segundo, y sobre todo, que el gran tema que pulula alrededor del relato provoca que trascienda del retrato de grupo para acabar alcanzándonos a todos: la necesidad de consuelo ante la pérdida y la tragedia en una sociedad occidental de alto poder adquisitivo, en la que el cristianismo ya no ejerce la labor de antaño.

LA INVITACIÓN

Dirección: Karyn Kusama.

Intérpretes: Logan Marshall-Green, Michiel Huisman, Tammy Blanchard, John Carroll Lynch.

Género: thriller. EE UU, 2015.

Duración: 90 minutos.

Durante siglos, el ser humano encontró el alivio ante el trauma en el poder de sedación de la religión, desplegado en una doble vertiente: la del apoyo de la comunidad, y la de la promesa de una vida más allá de la muerte. Sin embargo, en una época fundamentalmente agnóstica, atea o de creencias poco labradas y nada practicantes, como ya se encargó de diagnosticar Chuck Palahniuk en El club de la lucha, se abre camino otro tipo de apoyo y de consuelo supuestamente más acorde con los tiempos que corren: el de las reuniones de afectados, el de la catarsis en comunidad, el de los gurús de la autoayuda, el de las religiones 2.0, con su marketing y su publicidad, el de las sectas.

Karyn Kusama, de errática carrera entre el drama social independiente (Girlfight) y el blockbuster insustancial (Aeon Flux), ha compuesto su mejor película gracias a un guion de perfecta graduación en la información, donde antes de aparecer el thriller la tensión ya está instalada por el enigma en la exposición de los datos del pasado, y a una dirección aguerrida, ambientada en un único escenario, una casa, en la que el hiperrealismo de los sonidos crea unas sensaciones de irresistible poder hipnótico. Película sobre el apocalipsis, el bíblico y el interior, el del alma o simplemente el del corazón, La invitación es una espeluznante obra sobre la nueva religión.

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