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SEMANA DE MÚSICA RELIGIOSA DE CUENCA

Parra convierte a Plensa en pura voz

El catalán convierte cinco poemas del escultor en la obra 'Breathing', con el coro Vocalconsort Berlin

El director James Wood (izquierda) y el compositor Héctor Parra, en la catedral de Cuenca.
El director James Wood (izquierda) y el compositor Héctor Parra, en la catedral de Cuenca.

Recta final de la Semana de Cuenca. English Concert presentó el viernes en el Auditorio un programa algo tópico para su reputación: tres obras de Vivaldi, una de Albinoni y una mayor de un desconocido Giovanni Battista Ferrandini (ca. 1710-1791), Il Pianto di Maria. Esta pieza, de excelente factura, es aún de atribución dudosa, tras habérsele adjudicado a Haendel. Fue un programa veneciano (también lo era Ferrandini), en el que Vivaldi y Albinoni mostraron algunos brillos en las partes solistas, bien resueltas por la oboísta Katharina Spreckelsen y la violinista Nadja Swiener. El concierto transmitió una sensación general de salir del paso con barroco de fácil consumo. En la pieza de Ferrandini, la mezzo Ann Hallenberg elevó el tono plomizo del concierto con una buena prestación vocal.

En la mañana del sábado, traslado a la bella Iglesia del pueblo de Arcas. El trío Armonía Concertada, compuesto por la soprano María Cristina Kiehr y el vihuelista Ariel Abramovich, argentinos, a los que se sumó la arpista española Sara Águeda, ofrecía una interesante selección de canciones y villanescas espirituales de Francisco Guerrero (1528-1599), uno de los grandes de la escuela sevillana y contemporáneo de Cervantes, al que se le dedicaba la evocación. Armonía Concertada ofrece esta experiencia por primera vez, en primicia, consistente en transcribir piezas corales a una sola voz acompañada por un continuo de cuerda pulsada. La voz plateada de Kiehr es ideal para estas canciones que suenan deliciosamente para un oyente hispanohablante, y lo harán aún más cuando la propuesta se vaya rodando.

Y llegaba el concierto grande del Sábado Santo: la Semana de Música Religiosa de Cuenca presentaba el estreno mundial de su obra de encargo: una iniciativa que acumula ya un legado de docenas de piezas y que, en esta ocasión ha recaído en el catalán Héctor Parra (1976), quien, desde su residencia en París, larga, de 14 años, se ha convertido en uno de los compositores de su generación de mayor proyección internacional. La imponente y gélida catedral de Cuenca acogía al Vocalconsort Berlin, dirigido por James Wood, con dos obras: la Missa a 4, de William Byrd (1543-1623) y Breathing, del citado Parra. Byrd es uno de los grandes del periodo Tudor. El mítico pianista Glenn Gould lo consideraba su compositor favorito. Su Missa a 4, cantada por nueve voces, elevó la temperatura del concierto (que falta hacía). Es una música de una calidez poco frecuente, incluso en su época, de grandes polifonistas. Es también una música que nos acercaba a Shakespeare, otro de los homenajeados.

Y a Shakespeare estaban también dedicados los poemas del escultor (y a la vista está que también escritor lírico) Jaume Plensa. De Plensa son los cinco poemas elegidos por Parra para su estreno mundial. Una elección luminosa que conforma una obra de una claridad matérica notable. Parra utiliza 12 voces, todas reales, es decir, cada una con parte independiente, y crea texturas que van desde una armonía iridiscente hasta el susurro, desde el diálogo contrapuntístico hasta la cita encubierta, una música que es todo sensibilidad y gusto por la vocalidad. La única pena es que reclame al menos un coro como estos formidables Vocalconsort Berlin. Si ya de por sí las obras corales tienen una vida difícil en la selva de las programaciones, lo hace mucho más solicitar un coro de tan alta calidad. Pero así es la obra y en la catedral de Cuenca ha sonado a la altura de lo que la Semana pedía, y máxime teniendo en cuenta que estaba dedicada a la Procesión Camino del Calvario con motivo de sus 400 años.