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La homofobia sí es como la pintan

La película mexicana 'Pink', llena de prejuicios, estigmatiza a los homosexuales

Fotograma de 'Pink, el rosa no es como lo pintan'.
Fotograma de 'Pink, el rosa no es como lo pintan'.Facebook

Pink, el rosa no es como lo pintan tiene el mérito de ser una de las peores películas que se han rodado en México. La última producción de Paco del Toro, un cineasta ultraconservador, retrata la manera en que un sector de la población concibe a los gays: afeminados, promiscuos, depresivos y, obvio, portadores de sida. La cinta muestra una sociedad misógina, mojigata y homófoba. ¿Ese México existe?

Parece que sí, porque pese a que solo se estrenó en las salas del extrarradio de la Ciudad de México la película ha tenido muy buena acogida del público: Pink logró 26.000 espectadores en su fin de semana de estreno. En las butacas había de todo, algunos intrigados por la polémica que ha suscitado una trama abiertamente homófoba y los convencidos por el mensaje.

El guion parece escrito en la edad de piedra. Se aborda el tema de la adopción de parejas del mismo sexo y la conclusión es clara: no debería de autorizarse. Como colofón, en los créditos se dice que la homosexualidad no debería existir porque pone en riesgo a la familia tradicional. "Estudios científicamente probados", argumentan, sin dar más detalles. Antes de ir a negro se citan los evangelios.

La ridiculización de los homosexuales no es nueva. En la televisión mexicana ha estado presente desde sus comienzos. Pablo Cheng, gay en la vida real y uno de los protagonistas de la cinta, ha hecho su carrera reforzando estos estereotipos, con continuas apariciones en Televisa. Él mismo ha declarado que Pink le parece una película de ciencia ficción: “Los jotos se hicieron para jotear, para ser jotos entre hombre y hombre o mujer y mujer”.

En este universo los gays son afeminados, trabajan en una estética y se sienten incómodos en su piel: todos quieren ser mujer. Es una repetición continua de los prejuicios más anquilosados. Así son los protagonistas de Pink y todos los homosexuales que salen en la cinta.

Y luego llega el mensaje evangelizador. Tras noches de sexo casual, depresión y alcoholismo por el abandono de su pareja, Iván (Cheng) trata de seducir a un taxista que le responde con el mensaje de Dios. Iván tiene una epifanía y recuerda por qué “se volvió” así: una familia destrozada, una violación. Pero puede salir de todo ello y se lo propone cuando se sueña casado con una mujer y empieza a rechazar su entorno cuando acude a un grupo de exgais que se han curado con Jesús.

El final, ¡¡¡¡spoiler alert!!!!, el sobrino de Iván ha adoptado los amaneramientos de su entorno y, en serio, SPOILERS, la pareja de Iván vuelve berreando para contarle que tiene SIDA y que se va a morir.

La película ha levantado polémica, aunque no la suficiente. Cinépolis, la principal distribuidora de cine en el país, se negó a exhibirla. El órgano para prevenir la discriminación, la CONAPRED, determinó que de la película "se desprenden posturas contrarias a los principios de igualdad y no discriminación, entre ellos la reiterada ridiculización".

Pese a la evidencia, Pepe del Toro niega que Pink sea homofóbica. El director está convencido en el poder de Dios para curar la homosexualidad. "Pueden hacer lo que quieran, yo tengo la paz, la satisfacción del deber cumplido", dice, dando a entender que duerme a pierna suelta. Sin embargo, el filme, carente de sentido artístico y pobre de ideas, no hace más que retratar el México cavernícola.

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