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CRÍTICA | DOPE

Los ‘geeks’ del barrio

Aspira a retomar el espíritu del primer Spike Lee, para acabar dejando claro que la única revolución ganadora es la de los novatos

Imagen de 'Dopes'.
Imagen de 'Dopes'.

El estreno estadounidense de Dope, cuarto largometraje de Rick Famuyiwa, marcó su particular hito en la historia de la exhibición cinematográfica al convertirse en el primero en aceptar bitcoins como moneda de curso legal para la adquisición de sus entradas. La bitcoin, criptodivisa de uso digital, es también la unidad monetaria que utiliza el protagonista de la película para jugar ocasionalmente al mercadeo narcótico sin mancharse las manos y, en buena medida, es una perfecta metáfora del espíritu de una película que busca cuestionar arquetipos al tiempo que los refuerza, que quiere reflejar una realidad dura pero la neutraliza a través de una estilización simpática y que aspira a retomar algo del combativo espíritu del primer cine de Spike Lee para acabar dejando claro que, en la cultura afroamericana, igual que en la cultura blanca, la única revolución que ha triunfado es la de la revancha de los novatos, la de los geeks.

DOPE

Dirección: Rick Famuyiwa.

Intérpretes: Shameik Moore, Tony Revolori, Kiersey Clemons, Rakim Mayers, Blake Anderson, Bruce Beatty, Kimberly Elise, Zoë Kravitz, Chanel Iman.

Género: comedia. Estados Unidos, 2015.

Duración: 103 minutos.

La mirada de Malcolm, el protagonista de esta película producida por Pharrell Williams, está condicionada por su amor fetichista hacia la cultura hip-hop de los noventa, del mismo modo que Famuyiwa apela constantemente al recuerdo de películas como Haz lo que debas, House Party, Los chicos del barrio o Menace II Society, pero Dope no hace sino subrayar la considerable distancia que separa a un Fight the Power de un Happy. Famuyiwa, que ha convertido la asunción de responsabilidades (a través del matrimonio y otros supuestos rituales de madurez) y la integración en la comunidad en la línea de bajo que vertebra su trayectoria, ha logrado aquí una película vital, enérgica y a ratos divertida, pero inconsistente, contradictoria y también algo hipócrita. Al lado de la reciente Straight Outta Compton, Dope parece transcurrir en una maqueta de Lego que higieniza y plastifica la dureza del entorno. Destaca la escena en la que un personaje vincula la responsabilidad del camello y su mercado con la que mantiene Amazon con sus clientes, pero el discurso que cierra la película necesitaría haber recuperado algo de ese juego irónico y, por supuesto, haber tenido mayor mordiente político y talante insumiso.