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CRÍTICA | SITGES TOUR

En la piel del asesino

'La próxima vez apuntaré al corazón' encabeza el Sitges Tour, en programación itinerante, de la distribuidora A Contracorriente

Guillaume Canet, en 'La próxima vez apuntaré al corazón'.
Guillaume Canet, en 'La próxima vez apuntaré al corazón'.

Lou Reed quiso dejar claro que tras la letra de Black Angel’s Death Song, uno de los temas emblemáticos de la Velvet Underground y el objeto de seducción que selló su pacto con Andy Warhol, no había ningún significado oculto, sino el mero placer de colocar una palabra detrás de otra por su valor eufónico. En La próxima vez apuntaré al corazón, tercer largometraje de Cédric Anger, guionista de la notable Según Matthieu (2000), el tema parece funcionar como obsesivo monólogo interior de su protagonista: Franck Neuhart, gendarme psicópata construido a partir del modelo real de Alain Lamare, el asesino que tuvo en jaque a los habitantes del departamento de Oise entre mayo de 1978 y abril de 1979. Con su cara de nadie y su contraste entre la opaca dedicación profesional y los súbitos estallidos de violencia racista, Guillaume Canet logra un llamativo trabajo interpretativo en este thriller que, si bien cae en alguna obviedad expresiva de trazo grueso –esos gusanos como visión subjetiva del asesino-, roza ocasionales picos de brillantez –los sucesivos asesinatos de las dos autoestopistas- y extravío poético –la contemplación de los ciervos en la noche-.

LA PRÓXIMA VEZ APUNTARÉ AL CORAZÓN

Dirección: Cédric Anger.

Intérpretes: Guillaume Canet, Ana Girardot, Jean-Yves Berteloot, Patrick Azam, Douglas Attal, Arnaud Henriet, Pierick Tournier, Alexandre Carrière.

Género: thriller. Francia, 2014.

Duración: 111 minutos.

La película encabeza el Sitges Tour que propone, en programación itinerante, la distribuidora A Contracorriente con otros tres títulos y el preestreno de El regalo de Joel Edgerton, película que hizo merecedor a su director, guionista y protagonista del premio al mejor actor en el certamen. Completan las sesiones Turbo Kid de Anouk y Yoann-Karl Whissell y François Simardy -fantasía apocalíptica levantada, algo gratuitamente, sobre la nostalgia no tanto por el cine popular de los 80 sino por sus subproductos derivados-, Bloodsucking Bastards de Brian James O’Connell –comedia negra que vincula vampirismo y explotación laboral- y The Salvation de Kristian Levring, vistoso western de un viejo militante del Dogma 95 que malinterpreta la herencia del spaghetti en clave demasiado pomposa.