Michael Fassbender se hace pistolero

El 'western' 'Slow West', hiperrealista y romántico, es el último ejemplo del talento de un actor en gran momento

Michael Fassbender, en 'Slow West'.
Michael Fassbender, en 'Slow West'.

Al escocés John Maclean le ha perseguido el arte toda la vida. Empezó estudiando pintura en Edimburgo en su College of Art y posteriormente en Londres, en el Royal College of art. “Es que mis padres eran pintores. A mí me interesaba, y aún me interesa mucho, la técnica del collage, el proceso del montaje. Es más, esa labor la he ido desarrollando en las siguientes disciplinas a las que fui cambiando”. Sí, porque Maclean se graduó y montó dos bandas: The Beta Band, de 1997 a 2004, y The Aliens, de 2005 a 2009. Y no le fue nada mal. No solo obtuvo cierta repercusión gracias a canciones como Dry the rain, sino que incluso algunas de sus canciones acabaron incluidas en las bandas sonoras de Alta fidelidad, La gran caída de Igby o Recuérdame. “La vida me fue llevando por ahí, pero es cierto que siempre me atrae el proceso de combinar cosas”. En 2009 Maclean rueda ya su primer corto, Man on a motorcycle, y lo protagoniza un actor que ya había llamado la atención con Hunger: el germanoirlandés Michael Fassbender. Volvió a repetir con él dos años más tarde en su segundo corto, Pitch Black Heist, y ahí forjaron su amistad.

Así que tenía todo el sentido que Maclean esperara a que Fassbender abriera un hueco en su calendario ultracargado de trabajo y protagonizara su debut en el largo, el sorprendente western Slow West. Es un filme hiperrealista, crepuscular, que juguetea entre la metafísica y el romanticismo, un drama que forma parte de una ola actual de westerns muy atentos a la atmósfera y a la tragedia. "He sido muy cuidadoso con el ritmo, con que hubiera una cierta fluidez musical en la narración y por eso, para que no molestara a la hora de captar esa fluidez, no escuché música durante el montaje". ¿El proceso fue costoso? "Sí, porque el guion daba cierta forma a la historia y el storyboard la concretaba, pero me encontré en el montaje con varias historias que mezclar. Fui muy consciente que en algunos momentos demasiados fotogramas aburrirían al espectador y demasiados pocos acelerarían la acción, olvidándonos así de la morosidad del viaje".

Slow West describe el viaje de un joven escocés de 16 años hasta la frontera de la civilización en Estados Unidos a la búsqueda de su amada. En su viaje le acompaña un forajido (Fassbender). "Necesitaba por tanto que el espectador entrara en el viaje. Esa apuesta por el ritmo y la atmósfera pasa desde hace décadas, aunque es cierto que Jim Jarmusch la catapultó en Dean man". Hay más ejemplos como El asesinato de Jesse James. "Intentamos combinar el aire romántico de las motivaciones del chaval con la realidad oscura, violenta, sucia". Y pesimista. "Pues yo no lo soy. Y sin entrar en spoilers, el final abre muchos caminos".

Para Fassbender, Maclean solo tiene palabras buenas. "Es chispeante, divertido, gracias a su sangre irlandesa. Y a la vez muy concentrado y escrupuloso en su trabajo por el lado alemán. Odio los estereotipos, pero no se me ocurre mejor manera de definirlo. Lo quiere saber todo de sus personajes, aporta un montón de curiosidad al proceso". A él no le ha sorprendido la explosión actual de Fassbender: este puede ser su año con Slow West, Macbeth y Steve Jobs. "Es impresionante verle trabajar. Cómo encajó con el resto del reparto, cómo se volcó. No tiene actuación mala".

John Maclean, en el centro con gafas, en el rodaje de 'Slow West'.
John Maclean, en el centro con gafas, en el rodaje de 'Slow West'.
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Finalmente, la localización. "A causa del calendario de Michael, se nos abrió la posibilidad de rodar en octubre y noviembre, con lo que nos tuvimos que ir a rodar a Nueva Zelanda, que además satisfizo mis peticiones de localizaciones, muy específicas, en muy poca distancia". En el terreno, Maclean pudo lograr su objetivo: usar el género, en su caso el western, para hablar de algo más. "Sí creo en la trascendencia del género. Los westerns hablan mucho del individuo y de la soledad. Pero también deberían de reflexionar sobre nuestras raíces, sobre de dónde venimos y la inmigración, de cómo EE UU se construye con el material étnico de muy distintas procedencias". O, como concreta: "Me parece un asunto muy importante la reflexión, que echo en falta actualmente, sobre cómo es el ser humano, cómo se ha creado la mentalidad actual. A mí no me gustan los nacionalismos, aunque es un asunto complejo... Casi prefiero decir que estoy contra el uso de los nacionalismos por los políticos para meter miedo. Vivo en Londres, y veo lo beneficioso que ha sido la mezcla de culturas. Entiendo que las fronteras sirven como cierto control contra el caos, pero...".

La charla no puede acabar sin preguntarle por el título. "Cuando estaba escribiendo el guion, me gustaba el juego de palabras, porque en realidad los auténticos tiroteos eran lentos, casi cómicos, entre tipos borrachos... Sé que eso de slow (lento) puede hacer que algún espectador se lo piense dos veces antes de entrar a las salas, y que ya apunta ya al ritmo, pero es que me gustaba mucho". Y ante una película tan personal, el que manda es el director.

Sobre la firma

Gregorio Belinchón

Es redactor de la sección de Cultura, especializado en cine. En el diario trabajó antes en Babelia, El Espectador y Tentaciones. Empezó en radios locales de Madrid, y ha colaborado en diversas publicaciones cinematográficas como Cinemanía o Academia. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense y Máster en Relaciones Internacionales.

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