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CRÍTICA | EL PRECIO DE LA FAMA

El cadáver de Chaplin

Lo nuevo de Xavier Beauvois tiene tanta valentía, tanta dignidad, y hasta honorabilidad, que resulta imposible criticarla con severidad

Fotograma de 'El precio de la fama'.
Fotograma de 'El precio de la fama'.

En la madrugada del 1 al 2 de marzo de 1978, apenas dos meses después del fallecimiento de Charles Chaplin, dos delincuentes comunes robaron del cementerio el ataúd del mito para pedir un rescate que los sacara de sus penurias económicas y sociales. Dos hombres pobres, y quizá también pobres hombres, dos vagabundos, dos inmigrantes, dos charlots de la modernidad con una apuesta tan suicida como la de Xavier Beauvois, el cineasta francés que ha llevado a la pantalla el suceso real con una intención tan irrealizable como la de sus protagonistas: componer una película de aliento chaplinesco, un melodrama con chico (aquí chica), madre enferma y fogonazos de comedia basada en la emoción y no en la negrura, musicalizada con entusiasmo y protagonizada por dos payasos en el sentido circense del término: el clown Roschdy Zem, y el augusto Benoît Poelvoorde.

EL PRECIO DE LA FAMA

Dirección: Xavier Beauvois.

Intérpretes: Benoît Poelvoorde, Roschdy Zem, Séli Gmach, Chiara Mastroianni.

Género: melodrama. Francia, 2014.

Duración: 110 minutos

Los frutos del atrevimiento de Beauvois, el autor de la magnífica De dioses y hombres, son dispares, con el manejo del tempo como principal socavón y la memorable interpretación de sus protagonistas como gran virtud. Sin embargo, al igual que la acción de sus personajes reales, la película tiene tanta valentía, tanta dignidad, y hasta honorabilidad, que resulta imposible criticarla con severidad.

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