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CRÍTICA | LA VISITA

En casa de los abuelos

Concisa, eficaz y con un negrísimo sentido del humor, devuelve a un Shyamalan en forma

Fotograma de la película 'La visita'.
Fotograma de la película 'La visita'.

Regodearse en las dificultades de M. Night Shyamalan a la hora de emular el éxito y la brillantez de sus sucesivas El sexto sentido (1999) y El protegido (2000) han sido, durante largo tiempo, uno de los más rutinarios deportes ejercidos por el grueso del gremio de la crítica. La inercia solía dejar de lado algo esencial: que aquello que acreditaba a Shyamalan como autor no tenía tanto que ver con eficaces giros de guion, sino con una cuestión de estilo y, sobre todo, de mirada. Elementos todos ellos que seguían presentes en trabajos tan notables como Señales (2002), El bosque (2004), la radical La joven del agua (2006) y El incidente (2008), pero que el propio autor aparcó en las frustradas jugadas comerciales de Airbender, el último guerrero (2010) y After Earth (2013). Su nuevo trabajo es, al mismo tiempo, un aparente cambio de tercio y una triunfal recuperación de las esencias. Es, asimismo, una película susceptible de perpetuar el gran malentendido en torno a Shyamalan: aquí también hay un giro de guion que no es, precisamente, lo que mejor funciona de la propuesta y que, si se hubiese evitado, habría cristalizado en un trabajo más poderoso y perturbador.

LA VISITA

Dirección: M. Night Shyamalan.

Intérpretes: Olivia Dejonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn, Celia Keenan-Bolger, Samuel Stricklen, Patch Darragh.

Género: terror.

Estados Unidos, 2015.

Duración: 94 minutos.

En La visita, el cineasta tantea los registros del terror de metraje encontrado, aportando una eficaz autoconciencia irónica a través de su protagonista femenina: una niña documentalista que piensa en términos de puesta en escena frente a un hermano banalizado por el desaliño formal de los realities. La historia se acerca a una relectura contemporánea del cuento de Hansel y Gretel, con dos niños atrapados en el hogar de un matrimonio aparentemente monstruoso –sus propios abuelos-, tras el que quizá no se oculte nada más que una pareja de ancianos aquejados de demencia senil. Concisa, eficaz, recorrida por un negrísimo sentido del humor, La visita devuelve a un Shyamalan en forma con ganas de jugar.

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