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Atrevimiento carca

El cineasta repite repite esquemas, virtudes y defectos en su quinta película como director

'Y de repente tú'
Fotograma de 'Y de repente tú'.

Subvertir los códigos de representación y de lenguaje de la comedia romántica clásica con estrambóticos aguijonazos de screwball comedy para llevarla a un nuevo territorio, más contemporáneo, más acorde con los modos de vivir, de hablar, de relacionarse. El método Judd Apatow. Y, sin embargo, al final, siempre acaba reculando. Cada vez más. En Y de repente tú,su quinta película como director y primera sin aportación acreditada en el guión, repite esquemas, virtudes y defectos. El atrevimiento carca.

Y DE REPENTE TÚ

Dirección: Judd Apatow.

Intérpretes: Amy Schumer, Bill Hader, Tilda Swinton, Brie Larson.

Género: comedia. EE UU, 2015.

Duración: 125 minutos.

El magnífico prólogo, de aspecto retro en la forma y en la fotografía, inspirado en la frase “la monogamia no es realista”, y de enorme gracia, asienta la temática, articula a la perfección a la protagonista y sirve para lanzar con brío la película. Subversión (1): es la mujer la que ahora ocupa el lugar del macho clásico en las películas, la que domina en las relaciones sexuales esporádicas, la que no quiere ataduras sentimentales; mientras, es el hombre, tanto el musculitos de gimnasio como el intelectual, el que busca el romanticismo, la unión duradera, la familia, los hijos. Subversión (2): también en el casting, porque la habitual actriz guapa (Brie Larson) es ahora la hermana confidente, y secundaria, y la estrella es la feúcha que antes siempre era la amiga simpática. Magnífico giro, aunque resulte extraño ver que Amy Schumer, no solo protagonista, sino también guionista en solitario, se autodefina finalmente como “monilla, pero no guapa”, en boca de otro de los personajes femeninos.

El problema es que la transgresión se va viniendo abajo conforme avanza el relato, hay un abuso evidente de los guiños a la cultura popular (¡tres chistes con Juego de tronos como referencia!) y, sobre todo, Apatow sigue sin controlar la duración de ciertas secuencias, lo que lleva a un elefantiásico metraje de dos horas largas. Nada nuevo, salvo que esta vez en al menos un par de esas escenas incontroladas hay un actor que no tiene la más mínima idea del tempo de la comedia y de clavar el chiste, porque lo que suele clavar es otra cosa: LeBron James, no en un cameo, sino en un importante papel secundario.

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