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CRÍTICA | CIUDADES DE PAPEL

Amo tu (in)diferencia

Habrá quien, como este crítico, sienta un profundo rechazo por el modelo de atracción en que se fundamenta la historia de amor de la película

Cara Delevingne, en un fotograma de 'Ciudades de papel'.
Cara Delevingne, en un fotograma de 'Ciudades de papel'.

Un curioso signo de los tiempos: en el pase de prensa de esta película –ignora este crítico si esto se mantendrá en las proyecciones en salas-, el novelista John Green, autor de la novela en la que se basa Ciudades de papel, se presenta, da la bienvenida al público, declara lo satisfecho que se encuentra con esta adaptación… y pide que, si alguien siente el impulso de comentar la película en redes sociales… ¡¡lo haga, por favor, usando el hashtag #Ciudadesdepapel!! Varias cosas impúdicas se concentran, pues, en esos pocos minutos: quizá la de mayor calibre sea la de dirigirse al público asumiendo que sólo existe en cuanto a potencial herramienta promocional. Tampoco hace falta que, para mantener su pureza, un escritor llegue a los extremos ermitaños de J. D. Salinger, pero escandaliza ver con qué desparpajo Green se suma a la disolución de fronteras entre creación y promoción… sobre todo si uno tiene en cuenta que la película de Jake Schreier es una adaptación que doma los aspectos más ásperos de su novela, cosa que a Green parece importarle bien poco.

CIUDADES DE PAPEL

Dirección: Jake Schreier.

Intérpretes: Natt Wolf, Cara Delevingne, Austin Abrams, Jaz Sinclair, Justice Smith, Halston Sage, Cara Buono, Caitlin Carver, Meg Crosbie, RJ Shearer.

Género: drama. Estados Unidos, 2015.

Duración: 109 minutos.

Reputado videobloguero y, a su modo, respuesta americana y conservadora a ese modelo de neo-literatura rosa que en nuestro país tiene en Albert Espinosa a su máximo practicante, Green ya había sido adaptado al cine en Bajo la misma estrella (2014). En Ciudades de papel, la historia de amor imposible entre su protagonista y su esquiva y enigmática vecina de enfrente adopta la forma de una modulación, en clave aventura juvenil, de una indagación detectivesca. En suma, esto está cerca (lo que no es necesariamente malo) de una peripecia de Los Cinco de Enid Blyton en busca del amor imposible.

Jake Schreier, que se dio a conocer con la sensible y casi bradburyiana Un amigo para Frank (2012), maneja el material de Green con respeto, seriedad y una justeza de tono que le impide caer en la cursilería y la afectación. Habrá quien, como este crítico, sienta un profundo rechazo por el modelo de atracción en que se fundamenta la historia de amor de la película: la atracción del panoli (o pagafantas) por la chica que se sabe tan especial que considera un privilegio conceder a sus interlocutores escuetas raciones de indiferencia. Con un Natt Wolff aplicado y una Cara Delevingne que desvela que la parte del león de su atractivo está en algo tan inmaterial como su voz, el reparto tiene el potencial de meterse al público natural de esta ficción en el bolsillo sin que se haga demasiadas preguntas, sin que se plantee siquiera si tras Ciudades de papel se oculta una celebración de la conformidad que contempla la diferencia (y, por tanto, la disidencia) con una mezcla de amor platónico y condescendencia de integrado.

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