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El Centro García Lorca abre con años de retraso y sin el legado del poeta

El Ayuntamiento confía en que la familia traslade la obra desde Madrid en otoño

Fachada del nuevo centro García Lorca, inaugurado en pleno casco histórico de Granada.
Fachada del nuevo centro García Lorca, inaugurado en pleno casco histórico de Granada.

En el corazón del edificio, una cámara acorazada de color rojizo sobrevuela colgada del techo de una biblioteca con vistas a la Catedral de Granada. A esas alturas quedarán blindados los documentos más valiosos del poeta granadino Federico García Lorca, cuando estén. Hasta el momento, solo se vislumbra en la imaginación lo que puede llegar a latir entre los cuatro milímetros de acero de cinco por tres metros cuadrados sobre los que gira el Centro Federico García Lorca, inaugurado este miércoles en Granada sin el legado del autor en su interior. Los desencuentros políticos y las complicaciones en la financiación han generado un retraso de cinco años que provoca que todavía se conjuguen los verbos en futuro para hacer referencia a este espacio, concebido para albergar la obra, los estudios, la investigación y la difusión del poeta.

El legado de Federico García Lorca, que aguarda en la Residencia de Estudiantes de Madrid, llegará cuando se den las condiciones para que sea posible su traslado. Los arquitectos del edificio garantizan que ya está todo a punto. La luz de un sensor de huellas dactilares destellea en la puerta de la cámara acorazada a la espera que alguna persona autorizada comience a introducir los legajos en su interior “Están ya dispuestos los controles de humedad, de temperatura, de luz, los sensores antirrobos, todo”, detalló Mara Partida, una de las arquitectas. Mientras, los manuscritos de 1917, los dibujos de Dalí, las partituras que tocaba en familia, las fotografías de sus viajes, sus primeras ediciones, las cartas de Gerardo Diego y los trajes de los títeres de Cachiporra esperan la decisión de la Fundación Federico García Lorca, gestionada por los familiares del autor, para ser llevados a Granada.

“Confiamos en que en el próximo otoño el legado esté en la cámara. Nos pondremos a trabajar con la familia para que esto sea así”, declaró el concejal de Cultura, Juan García Montero, que detalló que en su gestión trabajarán de forma permanente hasta 20 personas. “Vamos a pensar en positivo para que podamos avanzar en este centro cultural tan importante”, dijo en referencia a posibles desencuentros con la familia después de varias vicisitudes y de que la fundación quedase eliminada el pasado 7 de julio como parte del Consorcio del centro, del que ya solo participan el Ministerio de Educación, la Junta de Andalucía, la Diputación de Granada y el Ayuntamiento de la ciudad.

La sobrina del poeta, Laura García Lorca, dijo estar “impaciente porque los fondos estén en el edificio. Somos los primeros interesados. Queda pendiente una acuerdo entre las instituciones y espero que pronto esté el legado”. Durante el acto de inauguración, el alcalde de Granada, el popular José Torres Hurtado, invitó a Laura García Lorca a mandar pronto los fondos y quiso recordar que la concepción del centro partió del expresidente del Gobierno, José María Aznar. Torres mencionó también que el apellido Lorca le ha abierto a lo largo del proceso numerosas puertas para la gestión del proyecto. "Lorca manda mucho", declaró.

Las entidades tendrán que superar los obstáculos y dialogar para generar actividad en los 4.700 metros cuadrados del luminoso edificio, cuyo presupuesto ha alcanzado los 23 millones.  El auditorio de 410 butacas está pensado para acoger teatros, conferencias, conciertos, charlas; en los talleres se espera que trabajen hasta cuatro grandes grupos de personas, y en la sala expositiva 15 vitrinas vacías lucen sin contenido.

“Juntos, a través del diálogo y la cooperación hemos afrontado las diferentes y complejas fases del desarrollo del proyecto, solucionando los problemas con colaboración leal entre instituciones y agentes”, destacó la consejera andaluza de Cultura, Rosa Aguilar, durante su discurso inaugural, en el que destacó que este centro será un espacio para la creación y un lugar de encuentro y diálogo entre disciplinas artísticas “abierto a la experimentación”.

De momento, hay programadas unas jornadas de puertas abiertas que durarán hasta finales de agosto; para septiembre y octubre está prevista la exposición colectiva El Público, y sin fecha concreta, dos obras de teatro y un concierto. Son algunas de las incógnitas que rodean al centro y que se suman al nombre de García Lorca. Hasta que se resuelva la ubicación de sus restos bajo tierra, su obra sobrevolará, en el futuro, en un corazón blindado.

Una apertura marcada por la polémica

Tras una década de obras y de retrasos, el Centro Federico García Lorca de Granada abrió ayer sus puertas, aunque a la espera del traslado definitivo del legado del poeta que se encuentra en la Residencia de Estudiantes de Madrid. La apertura ha estado precedida por una grave crisis de la Fundación García Lorca, que tiene pendiente de pagar o justificar 12 millones de euros —4,5 millones reclaman las Administraciones, cuatro La Caixa y tres la constructora Ferrovial— y que la institución gastó en viajes, sueldos de su personal, producciones teatrales e intereses bancarios ajenos a las obras del edificio, que ha tenido un presupuesto de 23 millones de euros.

La situación en la fundación llevó a su presidenta y sobrina del poeta, Laura García Lorca, a presentar una querella en Madrid contra el secretario de la institución, Juan Tomás Martín, por falsedad documental y apropiación indebida.

Martín se encuentra en paradero desconocido. Hay pendientes dos auditorías encargadas por la fundación y el consorcio promotor del centro integrado por el Ministerio de Cultura, la Consejería de Cultura de Andalucía, el Ayuntamiento y la Diputación de Granada.

El Ministerio de Cultura exige a la fundación 1,7 millones de euros, de los que 700.000 ya son firmes. La otra subvención de un millón de euros está aún en el periodo de alegaciones. Por su parte, la Consejería de Cultura que dirige Rosa Aguilar reclama la devolución de 2,8 millones ya que las justificaciones presentadas por la fundación difieren de las certificaciones de obra.