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OPINIÓN

La felicidad de Manu Leguineche

En la casa de Manu Leguineche, el legendario viajero que combinó literatura y periodismo para hacer la crónica del viaje al fin del mundo así como para mostrar el encuentro con las pequeñas cosas, hubo siempre una impresionante pila de periódicos. Diarios, libros (Azorín, Baroja, Hemingway, Greene) y en su cabeza el remolino de ideas que le sirvieron para la escritura de la melancolía y la obra de un hombre de acción en cuya alma habitaba la ternura.

Esa pila de periódicos era el símbolo de su vida exterior, pero por dentro bullía otro hombre, ensimismado; ese fue el viajero interior, el que se fijó en la geografía que lo rodeó gran parte de su vida, en Brihuega; ahí contemplaba cómo el tiempo marcaba el viaje que cuenta el alma.

El resultado de ese viaje interior fue La felicidad de la tierra (Alfaguara, 1999); comienza esa excursión suya por La Alcarria y alrededores contando cómo son las 05.39 de un día de octubre y acaba con la evocación del tiempo cuando ya se acaba todo: “La vida pasa, rápida caravana”. Era el 3 de abril y cantaba el cuco.

Para este hombre, que ha pasado a la historia como uno de los grandes periodistas europeos por sus reportajes, esa visión de las pequeñas cosas era la esencia de la vida: el tiempo pasando como una herida por el corazón de las personas. Esa fue la raíz de su factor humano (factor humanu...) al que aludió ayer su amigo Javier Reverte en la inauguración de un curso de homenaje de la UNED de Guadalajara.

Reverte, que lo conoció como nadie, dijo que la de Manu “fue una existencia emocionante”. En un vídeo de sus últimos años, Leguineche dijo que en esa vida interesante hizo de todo, “menos de proxeneta”. Fue, recordó Reverte, “un viejo prematuro, un prematuro niño”. Y fue, en contacto con la tierra, un hombre feliz, solitario, lleno de la melancolía de aquellos a los que él mismo llamó “los faltos de cariño”.

El curso sigue hasta mañana, miércoles. Cuenta, entre otros, con la participación de Raúl Conde, Pedro Aguilar, Gervasio Sánchez, Felipe Sahagún y Víctor Márquez Reviriego.