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CRÍTICA | CAMPANILLA Y LA LEYENDA DE LA BESTIA

Un radical en el país de las hadas

La labor de animación –salvo en la muy detallada expresividad de la criatura- es más funcional que imaginativa

Fotograma de 'Campanilla y la leyenda de la bestia'
Fotograma de 'Campanilla y la leyenda de la bestia'

Resulta bastante sorprendente que un animador que dio sus primeros pasos cuando cierto espíritu contracultural empezó a infiltrarse en los códigos de la televisión infantil debute como director con Campanilla y la leyenda de la bestia, uno de esos productos que conforman la serie B de la producción Disney y que el estudio parece facturar con competente mimo, pero con ningún margen para el hallazgo, la originalidad y mucho menos la transgresión. Steve Loter tuvo su carta de presentación como director de un corto –Hate (1995)- basado en la homónima y popular historieta del underground Peter Bagge, antes de pasar a realizar episodios de la radical serie de Nickelodeon Ren y Stimpy –aunque ya en la etapa posJohn Kricfalusi- y de la no menos desquiciada Duckman. Poco hay de ese sustrato en este cuento de hadas dirigido al público infantil: si acaso, el diseño de la bestia del título que, por una vez, funciona como acicate para un tipo de espectador –niño- que hasta ahora se había mantenido a prudente distancia de la melaza asociada al universo de las princesas Disney.

CAMPANILLA Y LA LEYENDA DE LA BESTIA

Dirección: Steve Lotter.

Animación.

Género: fantasía. Estados Unidos, 2014.

Duración: 76 minutos.

Sexto largometraje de una franquicia modesta que se abrió en el año 2008, Campanilla y la leyenda de la bestia, que quizá sea el último título de la saga, enfrenta a las aladas hadas de Pixie Hollow con una profecía apocalíptica centrada en la figura de un monstruo que bien podría haber diseñado el Chris Sanders de Lilo & Stitch (2002), Cómo entrenar a tu dragón (2010) o Los Croods (2013), con algún toque de Appa, el bisonte volador de la serie Avatar: The Last Airbender que acabaría adaptando Shyamalan con discutibles resultados. La labor de animación –salvo en la muy detallada expresividad de la criatura- es más funcional que imaginativa, pero el trabajo de texturas y colores sitúa el conjunto en otra liga, todavía lejos de la excelencia de las producciones relevantes Disney, pero a gran distancia de esa gran competidora en la especialidad que es la franquicia de producciones animadas que protagoniza la muñeca Barbie.

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