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CRÍTICA | LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO

Las almas desbocadas

Un fotograma de 'Lejos del mundanal ruido'.
Un fotograma de 'Lejos del mundanal ruido'.

“Para emprender una nueva línea de conducta, siempre es necesario vencer una inercia; y eso no solo se observa en las personas, sino también en los acontecimientos, que parece como si se coligaran para rechazar toda innovación en sentido de mejora”, escribió Thomas Hardy en Lejos del mundanal ruido.La doble teoría sobre el ser y el cambiar, sobre lo que hay y lo que vendrá, desde nosotros y desde el azar, la concibió Hardy en 1874, pero quizá siga vigente. En la vida, en su novela y en la magnífica versión cinematográfica que ha compuesto Thomas Vinterberg, donde los personajes están abrochados por la independencia y la dignidad, la personalidad y el razonamiento, y sin embargo siempre hay un momento en que se mueven a golpe de impulso irracional, sobre todo en el amor. Pero, ¿qué son el amor y el deseo, sino algo irracional que vence una inercia?

LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO

Dirección: Thomas Vinterberg.

Intérpretes: Carey Mulligan, Mathias Schoenaerts, Michael Sheen.

Género: drama. Reino Unido, 2015.

Duración: 119 minutos.

Hardy concibió una de las primeras novelas feministas de la historia, antes de que el concepto llegara a la sociedad para instalarse. John Schlesinger y Frederic Raphael, director y guionista del primer gran acercamiento cinematográfico, lo supieron ver en su versión de 1967. Y David Nicholls y Vinterberg, en la presente, lo han matizado. La heroína Bathseba Everdene, con el soberbio trabajo de Carey Mulligan detrás, resulta aún más refinada e independiente, sin los visos de vanidad y capricho, también de fuerza, de la Julie Christie de Schlesinger. Al tiempo, el segundo y tercer vértices de este cuadrangular amoroso, el pastor que interpreta el belga Mathias Schoenaerts y el rico hacendado que guía Michael Sheen, resultan también más dignos, lo que quizá convierta a esta adaptación en más confortable y a la de los sesenta en más molesta en la imperfección de sus criaturas, aunque ambas igual de emocionantes.

Bellísima en sus maneras clásicas, y casi 45 minutos más corta, con una poda sobre todo en la parte final que no enturbia el conjunto, esta Lejos del mundanal ruido agolpa de tal modo los acontecimientos, su desasosiego y su esplendor, que el único problema, bendito problema, podría ser que hay demasiadas escenas climáticas. Posesión y virtud; impulso y desazón; dolor, amor y hasta un punto de necrofilia, se agolpan en un placer para almas desbocadas.

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