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CRÍTICA | CARMEN

El animal, en lo oscuro

La ‘Carmen’ de Salvador Távora lleva a los escenarios en su veinte cumpleaños el vigor y la emoción de las procesiones sevillanas

El espectáculo 'Carmen', de Salvador Távora.
El espectáculo 'Carmen', de Salvador Távora.

Inspirada idea de Salvador Távora: contar Carmen sobre el repertorio de marchas procesionales de la Banda de Cornetas y Tambores de la Esperanza trianera, sin más palabras que las letras de los martinetes y las tonás que desgranan dos cantaoras. La cigarrera sevillana, la de verdad (“no la de Merimée”), como una virgen a la que dicha banda da la entrada para que baile y no para que la bailen, porque la Carmen de carne y hueso era mujer comprometida y de armas tomar, según la bisabuela de Távora, cigarrera ella misma. Veinte años cumple este espectáculo, que sigue teniendo el ángel, el vigor y la emoción de las procesiones sevillanas. Recuerden: cuando La Zaranda arribó, La Cuadra ya estaba allí.

Carmen


Dramaturgia y dirección: Salvador Távora, a partir de un relato oral y de la ópera de Bizet. Intérpretes: María Távora, El Mistela, Elena de Carmen… Madrid. Teatro Compac Gran Vía.

Távora hace un teatro de estampas poderosas y de cuadros vivientes, enraizado en la pantomima de autor, género que reverdece ahora en las creaciones de Hugo Pérez de la Pica: en la era del microteatro y de la jibarización de elencos, su compañía se nos planta en la Gran Vía madrileña con 36 intérpretes, incluido un caballo blanco de alta escuela con flequillo warholiano (que baila un paso a dos con María Távora, de aspecto seráfico, pero toda ella genio), cuyos bufidos y manoteos procedentes del trascenio insinúan su presencia arcana y prístina mucho antes de que salga a escena. La incorporación del animal y de la banda de música, hace pensar en lo mucho que han usado en los últimos años estos recursos Rodrigo García y Angélica Liddell en sus espectáculos, teóricamente en los antípodas de los de Távora, cuyas máquinas escénicas (el arco del triunfo-campanario: dos en uno), herencia de su pasado laboral y familiar obrero, actualizan los expresivos artilugios escenográficos de los constructivistas soviéticos.