CRÍTICA | ATCHÚSSS!!!Opinión
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Che, joven Chéjov

En Atchúusss!!!, comedia miscelánea, el actor Enric Benavent y el director Carles Alfaro reúnen y versionan libremente media docena de textos microteatrales

De izquierda a derecha, Malena Alterio, Fernando Tejero y Enric Benavent en la obra 'Atchúuus!!!'
De izquierda a derecha, Malena Alterio, Fernando Tejero y Enric Benavent en la obra 'Atchúuus!!!'Javier Naval

Antes que lúcido paisajista del alma, Anton Chéjov fue un humorista de aliento trágico. En alguno de sus cuentos primeros, pero sobre todo en sus juguetes cómicos en un acto (escritos a partir de aquellos), retrató del natural a personajes cuyas tribulaciones resultan hilarantes. Nos reconocemos en su hipocondría y en su angustia, y los consideramos dignos de piedad, pero nos tronchamos al verlos con una perspectiva de la que ellos carecen. En Atchúusss!!!, comedia miscelánea, el actor Enric Benavent y el director Carles Alfaro reúnen y versionan libremente media docena de estos textos microteatrales (un par de los cuales figuraban ya en La ruleta rusa, dramaturgia de Benavent), sin otro afán que proporcionar al público un entretenimiento inteligente.

Atchúusss!!!

A partir de textos de Anton Chéjov. Adaptación: Enric Benavent y Carles Alfaro. Intérpretes: Malena y Ernesto Alterio, E. Benavent, A. Ozores y F. Tejero. Dirección: C. Alfaro. Madrid. Teatro La Latina.

El canto del cisne, estudio dramático en el que un viejo actor rememora hitos de su carrera, aunque resulta demasiado sentido en este contexto, les sirve de pretexto a los adaptadores valencianos para ir calzando el resto de las piezas. En La seducción, segunda de ellas, se produce por fin esa comezón chejoviana que se resolverá con un espasmo liberador como el que el título del espectáculo promete (ejemplar, el modo en el que se van larvando la curiosidad, el desasosiego y la pasión en la esposa apática, encarnada por Malena Alterio); y en La institutriz, pieza que debería representarse en los colegios, para que los futuros adultos lleguen aprendidos a la firma de su primer contrato, Adriana Ozores cuaja una gran faena con el capote.

El oso y La petición de mano, no están resueltas a la altura que uno tiende a exigirle a piezas tan archisabidas: la Ozores y Ernesto Alterio obtienen un éxito parcial en su delineado de la viudita y del acreedor iracundo (cuyo acento oscila de un lado al otro del océano), y en la versión del diálogo entre la terrateniente y su neurasténico vecino echamos de menos las entradas estupefactas y conciliadoras de papá Chubukov, papel que le iría de miedo a Benavent, cuyo potencial se desperdicia en el banquillo.

De El aniversario, sus refundidores han hecho una versión más próxima a la del cuento que a la teatral, en la que las dos mujeres no tienen parentesco entre sí y llegan cada una con su urgencia, y los damnificados son dos también, con lo cual se doblan el barullo y el efecto cómico consiguiente. Poco importa: la Ozores arma un cisco desopilante, con la Alterio haciéndole los coros y su hermano a punto de humo.

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