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Crítica | Hamlet

Un ‘Hamlet’ a lo Lope de Rueda

El Globe es un bien concebido modelo para sacarle partido a la cultura, la lengua y el patrimonio arquitectónico teatral inglés

El nigeriano Ladi Emeruwa en el papel de Hamlet.
El nigeriano Ladi Emeruwa en el papel de Hamlet.

La mejor manera de poner en valor el patrimonio histórico arquitectónico teatral es dándole el uso para el que fue concebido, como sucede con el teatro romano de Mérida, los corrales de Almagro y Alcalá o con el Globe, que los británicos, conscientes del valor multiplicador de la economía que tiene la inversión en su cultura y su lengua, reconstruyeron para hacer de él un polo de atracción turística que recibe un millón de visitantes anuales. En Madrid, seguimos esperando a que se venga abajo el decimonónico frontón Beti Jai, obra de Joaquín Rucoba (autor del bilbaíno Teatro Arriaga), cuya estructura, similar a la de los corrales de comedias, es idónea para hacer de él sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y representar allí a Lope y a Calderón a cielo abierto, en las condiciones en que se hacía en el Siglo de Oro, tal y como los ingleses representan a Shakespeare en el Globe, de mayo a octubre.

Se pueden hacer una idea aproximada de esa experiencia viendo este Hamlet, montado por Dominic Dromgoole y Bill Buckhurst con un telón corredero tendido de lado a lado, media docena de baúles, un vestuario donde se mezclan prendas de todas las épocas; a falta de sol, una luz fija que ilumina por igual a público y actores, música en vivo sin amplificación y siete intérpretes originarios de diversos países de la Commonwealth que hacen hoy varios papeles cada uno y mañana se los intercambian, para, con ese juego, mantener la función viva. En la noche del estreno, se singularizó el Hamlet cálido y resoluto del nigeriano Ladi Emeruwa.