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La familia Chillida cede a Canarias el proyecto Tindaya

La obra del escultor para Fuerteventura está bloqueada desde su génesis en 1985

Chillida, a finales de los ochenta ante la montaña de Tindaya.
Chillida, a finales de los ochenta ante la montaña de Tindaya.

Eduardo Chillida imaginó en Tindaya, Fuerteventura, su propia montaña mágica. Un proyecto que nació en 1985, que buscaba representar un verso de Jorge Guillén, “lo profundo es el aire”, y sobre el que el escultor no dudó en asegurar que le terminó provocando una “extraña úlcera” por las sucesivas polémicas y pleitos judiciales en los que hasta ahora se ha visto envuelto, 13 años después de su muerte. Los herederos del escultor donostiarra han cedido al Gobierno de Canarias y al cabildo de Fuerteventura los derechos del Monumento de Tindaya.

La familia Chillida y el Gobierno de Canarias han suscrito un contrato en el que se establecen una serie de condiciones a cambio de la cesión de los derechos. La primera de ellas es “el respeto absoluto al proyecto de Chillida”; la segunda es el respeto medioambiental y la tercera es la creación de una Fundación en la que estarán representados los herederos del escultor, el Gobierno de Canarias y el Cabildo. La cesión será efectiva una vez que hayan cumplido todas las condiciones, según explicó ayer la portavoz de la familia. a cambio de tres condiciones:

El Gobierno canario habló ayer de “un hito importantísimo”, por boca del consejero de Obras Públicas, Domingo Berriel. La cesión de los derechos supone, según precisó Berriel en el pleno del Parlamento canario, un paso más para desenquistar el problema, para, se supone, terminar de alumbrar el proyecto más ambicioso de Chillida, horadar el corazón de una montaña elegida tras haber descartado otros parajes en Sicilia, Finlandia o Suiza.

El Gobierno canario ya intentó desbloquear la parálisis del proyecto a comienzos de 2011, cuando llegó a un acuerdo con la familia del escultor que incluía la convocatoria de un concurso público para la adjudicación de la obra, presupuestada en 75 millones. “Tindaya es un regalo que se hizo a Canarias y solo tendremos la cesión de los derechos de propiedad intelectual como obra de nuestro padre, pero no tiene una contraprestación económica”, aseguró entonces Eduardo Chillida hijo.

“Es el único proyecto que mi padre nos encomendó y si se hace se tiene que hacer bien”, apuntó en 2013 Luis Chillida, otro de los hijos del escultor cuando el Tribunal Superior de Justicia de Canarias dictó una sentencia que paralizaba el proyecto por la protección que había dictado el Gobierno autonómico sobre los restos aborígenes en forma de podomorfos que coronan la cima.

La resolución del Tribunal no fue más que otro escollo. El primero surgió cuando los planes de Chillida para Tindaya fueron modificados por cuestiones técnicas. El escultor ideó una cavidad cúbica de 50 metros, sin embargo, tras las primeras evaluaciones se determinó que el cubo no podía exceder de los 40. Luego llegaron las críticas de los ecologistas, de los arqueólogos y de los antropologos y las visitas a los tribunales.