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Fallece el guionista y director de cine Joan Potau

Ganó el Goya a mejor guion adaptado por ‘El rey pasmado’

Joan Potau, en el año 2000.
Joan Potau, en el año 2000.

El actor, guionista y director de cine Joan Potau falleció ayer por una insuficiencia renal a los 69 años. Ganador del Goya al mejor guion adaptado en 1992 por El rey pasmado, su carrera será recordada por su amplia labor como guionista, y él, como un hombre bueno, dotado de gran sentido del humor, salud débil -una enfermedad juvenil le dejó al espalda mal de por vida- y enorme capacidad para la risa. Él decía: "No pretendo nada. Sólo hacer lo que más me gusta en el mundo: explicar historias y, como persona poco amante de la realidad, mantenerme dentro del terreno de la ficción". Otra de las cosas que nunca dejo de gustarle fue "ir al cine". "Me alejaba, supongo, de una realidad de clase media-baja no muy estimulante".

Nacido en Barcelona en 1945, Joan Potau empezó a trabajar muy joven, escribiendo tebeos, como creativo publicitario... Después de formarse en el Institut del Teatre, inició su carrera como guionista en la pequeña pantalla (Les Guillermines del rei Salomó), para luego dar el salto al cine coescribiendo Epílogo (1984) o de Gonzalo Suárez, Barrios altos (1987), de José Luis García Berlanga. Después llegaron Historias de la puta mili (1994), de Manel Esteban, A los que aman (1998), de Isabel Coixet, o Código natural (2000), de Vicente Pérez Herrero. "También escribí un telefilme para Lina Morgan porque estaba muy bien pagado y porque a veces, no siempre, hay encargos que te dan grima y en cuanto te pones te lo pasas estupendamente", contaba en este diario en el año 2000. Con Imanol Uribe trabajó en dos ocasiones: en la ya mencionada El rey pasmado en 1992 y Bwana, en 1996, Concha de Oro en el certamen de San Sebastián.

El crío aquel que iba a ver 'Las minas del rey Salomón ha visto cumplidos sus sueños de vivir a base de explicar historias desde la pantalla".

En la televisión, firmó guiones para series como Periodistas, La mujer de tu vida y El comisario, además de programas -Ahí te quiero ver- y concursos como Ya sé que tienes novio. Solo se le resistió la novela: "Demasiado difícil, ¿no? Tengo una manera de escribir muy visual, y la novela, con sus descripciones y tal, me da una pereza tremenda. Cada vez que lo he intentado, cuando llego a la página 20 me entran unas prisas por terminar... No sé, igual es una asignatura pendiente. Como la Universidad. Cuando me tocaba ir, mi padre me hubiera matado si le llego a decir que quería estudiar Filosofía y Letras. Para aprobar esa asignatura pendiente me dio por apuntarme a lo de los mayores de 25 años y a los seis meses me di cuenta de que aquello era un coñazo descomunal... Quizá hay asignaturas pendientes que más vale dejar como están".

En la faceta de director debutó con No respires: El amor está en el aire en 1998, que él mismo definía como "un cuento que bordea la realidad". El barrio de la Barceloneta fue su inspiración. "Iba de vez en cuando a comerme una paella en los restaurantes de la fachada marítima", sin más, hasta que un día se quedó enganchado con su gente y acabó comprándose un piso allí. Justo cuando estaba estrenando la primera ya tenía en marcha la segunda, San Bernardo (2000): "La historia de un chaval que se muere por ayudar a los demás y al que no aceptan en ninguna ONG porque no tiene ninguna habilidad especial. Así pues, se pone a hacer el bien con los que le rodean, que son tres mujeres: una coja, una gorda y una fea. En el ínterin, se enamora de él una mujer bellísima e interesantísima, pero él le da esquinazo porque ha decidido que su obligación es hacer felices, de manera simultánea, a esos tres fenómenos de feria", porque a Potau le fascinaba lo políticamente incorrecto. Su tercer y último trabajo como director fue más de mercenario: Manolito Gafotas en ¡Mola ser jefe! (2001).

Como actor, se le pudo ver en Airbag, donde encarnaba a un mafioso, y en películas de amigos como La guerra de los locos, de Manolo Matji, Don Juan en los infiernos, de Gonzalo Suárez, Makinavaja, el último choriso, de Carlos Suárez, Todos los hombres sois iguales, de Manuel Gómez Pereira, ¿De qué se ríen las mujeres?, de Joaquín Oristrell, Haz conmigo lo que quieras, de Ramón de España, o Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet. En una entrevista resumió su carrera así: "El crío aquel que iba a ver Las minas del rey Salomón ha visto cumplidos sus sueños de vivir a base de explicar historias desde la pantalla".