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Rigurosamente mágica

Película de madurez definitiva que añade un par de novedades: los cambios de idioma y ambientación, y un salto adelante visual

Jennifer Connelly, en 'No llores, vuela'. pulsa en la foto
Jennifer Connelly, en 'No llores, vuela'.

Con apenas tres películas, la peruana Claudia Llosa se ha hecho con una implacable aureola de cineasta con estilo propio gracias a sus indagaciones, desde la más absoluta modernidad, de las costumbres telúricas, de los ritos que, partiendo de una religiosidad mal entendida, acaban fundiéndose con el paganismo, del ser humano que aplica a sus miedos remedios de una cochambrosa y destructora cotidianidad y que, a fuerza de convencimiento, acaban afectándole moral e incluso físicamente.

NO LLORES, VUELA

Dirección: Claudia Llosa.

Intérpretes: Cillian Murphy, Jennifer Connelly, Mélanie Laurent, Oona Chaplin.

Género: drama. España, 2014.

Duración: 112 minutos.

Así, entre los perturbadores pecados sin remordimiento del Viernes Santo al Domingo de Resurrección de Madeinusa (2006) y el terror atávico de las mujeres de La teta asustada (2009) se sitúa su nueva obra, No llores, vuela, película de madurez definitiva que añade a sus características señas de identidad un par de novedades: los cambios de idioma (inglés) y de ambientación (Canadá), y un ostensible salto adelante en potencia visual y narrativa.

No llores, vuela se acerca al mito de lo inexplicable a través de la figura de una hacedora de milagros, esas personas a las que, dependiendo del lugar, llaman santones o curanderos, pero que, aupados por el miedo, la confianza ciega, la calma y el efecto placebo, ejercen aquí y allá. Narrada en dos tiempos que convergen con eficacia, tanto en temáticas como en ritmo, la película tiene además una notable graduación de la información acorde con la atmósfera a la deriva, de inhóspito ambiente, y tres magníficos intérpretes: Cillian Murphy, Jennifer Connelly y Mélanie Laurent.

Se nota que la directora ha mamado el realismo mágico literario, pero, a diferencia de la inmensa mayoría de realizadores que han intentado trasladarlo a la pantalla, Llosa aplica puro lenguaje cinematográfico a sus indagaciones: exquisito tratamiento del sonido, original utilización de la banda sonora, excelente combinación de rostros en primer plano y tensiones naturales en plano general, y ritmo de montaje exacto. Hasta conformar una obra hipnótica y excitante, paradójicamente mágica y rigurosa.