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Documental familiar

La película cojea, pero De la Iglesia y Valdano quizá hayan inventado el documental deportivo familiar ficcionado

Messi celebra un gol el pasado 25 de noviembre. pulsa en la foto
Messi celebra un gol el pasado 25 de noviembre. AFP

Aunque los documentales deberían ser más una búsqueda, un camino hacia el descubrimiento, que la exposición de una teoría previa, con Lionel Messi quizá no haya esa posibilidad. Todo se ha escrito, todo se ha leído ya. Así que queda el análisis, y queda la fiesta, justo la sistemática que han elegido los responsables de Messi, documento hagiográfico sobre la figura del futbolista argentino, escrito por Jorge Valdano y dirigido por Álex de la Iglesia, compuesto a partir de una celebración en la que se analiza su trayectoria, importancia y legado. Eso sí, la puesta en escena del festejo, una cena en un restaurante donde cada una de las mesas está ocupada por un grupo humano relacionado con la vida del jugador (sus amigos del cole, sus profesores, sus compañeros en el Barça, los periodistas...), puede ser una idea más o menos buena en función de cómo se ejercite. Sin embargo, a pesar de que gracias a una buena labor de montaje el desarrollo es meritorio, la justificación inicial es fatal.

MESSI

Dirección: Álex de la Iglesia.

Género: documental dramatizado. España, 2014.

Duración: 93 minutos.

Oír en los primeros minutos de Messi, cuando todos llegan al local, frases como "¡mira, es Cruyff, el de la naranja mecánica!", o "ése es Valdano, el del Mundial 86", resulta simplemente sonrojante. Es entonces cuando se empieza a adivinar que la película no tiene como objetivo a los futboleros (a éstos tales informaciones no sólo les sobran, también les molestan), sino a un arco de público mucho mayor. Sobre todo cuando se confirma a través de la segunda de las metodologías de exposición, y el segundo de los errores: discretas dramatizaciones con actores representando a Messi y a su familia (y, más tarde, a gente como Rexach o Rijkaard), que guían, sobre todo, la mitad inicial de la película, con sus problemas de crecimiento y su salto desde Argentina a España.

Sin embargo, con la eclosión del futbolista en el primer equipo del Barça, cuando por fin acaban las escenas de ficción, la película levanta el vuelo. Es entonces cuando las palabras de análisis, los vídeos grabados por el padre del protagonista durante toda su vida (que hacían innecesarias las dramatizaciones), el montaje y el ritmo adquieren velocidad, talento y brillantez, como ese juego de planos con Messi cabizbajo durante el himno argentino, o algunos de sus goles de niño, unidos a los de su madurez.

Como buena parte del cine familiar, esa quimera que intenta contentar a varias generaciones con el disfrute en comandita, la película cojea por demasiados lugares, pero De la Iglesia y Valdano quizá hayan inventado la figura del documental deportivo familiar ficcionado.