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La Transición, en su sitio histórico

Santos Juliá y José Álvarez Junco debaten sobre el proceso vivido tras la muerte de Franco y la actual necesidad de una reforma de la Constitución

Felipe González enciende un cigarrillo a Adolfo Suárez en La Moncloa en 1977.
Felipe González enciende un cigarrillo a Adolfo Suárez en La Moncloa en 1977.

Aunque sea simplista, se podría decir que los periodistas analizan la realidad con luces cortas y los historiadores lo hacen con luces largas. Santos Juliá (Ferrol, 1940) y José Álvarez Junco (Viella, Lleida, 1942), dos de los grandes especialistas de la Historia contemporánea española y por tanto expertos en poner las cosas en su sitio (histórico), reflexionaron ayer sobre el significado de la Transición, su impacto en la evolución de la democracia y la necesidad de una reforma de la Constitución de 1978 en un encuentro celebrado en la sede de EL PAÍS, presentado por la subdirectora Eva Saiz, ante un auditorio repleto de periodistas y alumnos del máster de Periodismo, amantes por tanto de las distancias cortas.

Nada más empezar, Álvarez Junco dejó claro por qué la Transición y las décadas que le han seguido tienen un lugar especial en la Historia que no merece ser desdeñado de buenas a primeras. “Los últimos 50 años de la Historia de España han sido los mejores en siglos. Este país ha tenido una historia desastrosa, terrible, desde que se establecieron fronteras parecidas a las actuales”. La retahíla comenzó con la Contrarreforma, la Inquisición y la expulsión de judíos y moriscos y desembocó en la Guerra Civil de 1936-39 y la dictadura de Franco. En medio, más episodios de sombra (aislamiento de fenómenos modernizadores como las revoluciones industrial y científica o ciclos de pronunciamientos liberales seguidos de otros represivos) que de luz. “No sabéis lo afortunados que hemos sido. La Transición fue un bálsamo de paz, de concordia y acuerdo. Fue una de las cosas más sensatas que ha habido en este país”, afirmó el autor de Mater dolorosa, Premio Nacional de Ensayo en 2002.

Frente a las voces que proliferan en los últimos tiempos que achacan buena parte de los males actuales al proceso político seguido tras la muerte de Franco, Santos Juliá se desmarcó de esa interpretación: “La Transición no explica lo que nos está pasando, de ahí no sale un régimen sino un diseño institucional que queda por realizar. Es la política derivada del sistema lo que nos ha traído hasta aquí”.

Santos Juliá y Jose Álvarez Junco, en EL PAÍS.
Santos Juliá y Jose Álvarez Junco, en EL PAÍS.

Juliá aprovechó la ocasión para desmontar algunas falsas creencias que se achacan a ese momento, como la gestación del bipartidismo. “Es otro invento. Nadie tuvo mayoría. En el Congreso que sale de las primeras elecciones se encuentran gentes que venían de la Administración del Estado y del PCE. Fraga le veía la cara a Pasionaria. En aquel semicírculo se sentaba gente que se había matado. ¿Qué pueden hacer 350 personas que vienen de la oposición y del régimen, que son tradiciones excluyentes? Ponerse de acuerdo. Y la posibilidad de que gente que se ha estado matando se pueda volver a hablar, y que tiene una protohistoria anterior a la muerte de Franco, es insólito, no había ocurrido jamás en nuestra Historia”, subrayó el biógrafo de Manuel Azaña. “Es el proceso lo que crea el consenso que termina en el pacto constituyente”, añadió Juliá, que defendió que “el pasado necesita ser explicado en sí mismo, no por lo ocurrido después”.

Lo ocurrido después es lo que está pasando ahora, un momento de gran convulsión política debido a la confluencia de varias fuerzas: la desconfianza hacia la política por casos de corrupción, el estallido soberanista catalán, el coste social de la crisis económica, el descrédito de las instituciones... Una grave crisis que, puntualizó Álvarez Junco, no llega a los extremos de la registrada en 1898, que desembocó en un profundo movimiento regeneracionista. Pero que, en opinión de ambos historiadores, requiere reformas. “Es necesario desde hace 15 años la reforma de la Constitución, aunque el reformista no es el camino habitual en España, que es el país que más constituciones ha aprobado desde los liberalismos. No hay experiencia histórica de reformas, sino la de arramplar lo vigente y construir un nuevo mundo”, sostuvo el autor de Historias de las dos Españas, Premio Nacional en 2005.

“La Constitución de 1978 es la única que fue consensuada. Desde 1808 todas habían sido imposiciones del partido en el poder, liberales o conservadores. Esto es a la vez la virtud y el inconveniente: cualquier reforma que se haga de la Constitución de 1978 tiene que ser consensuada”, agregó José Álvarez Junco, que negó que en aquellos años reinase un pacto de silencio sobre el régimen de Franco. “Es falso. Hay miles de libros y artículos sobre la Guerra Civil y la dictadura. La prensa tuvo un papel muy constructivo, aunque luego se ha politizado mucho, también por la falta de control del legislativo sobre el ejecutivo”, añadió.

El modelo territorial o la reforma de las instituciones son aspectos que precisan cambios constitucionales, según los historiadores. “No quedan poderes del Estado sin necesidad de reformar”, dijo Juliá, que también aludió al deterioro de la imagen de la monarquía por “un comportamiento inaceptable de su titular”, en alusión a los últimos años del reinado de Juan Carlos I.

Ante una reforma de la Carta Magna, ninguno de ellos ve hoy capacidad de influencia decisiva en el Ejército o la Iglesia, como si la tenían en 1978. “El Ejército ha experimentado quizá la mayor transformación por la celeridad y el grado. La Iglesia no tiene una capacidad de intervención directa, ni siquiera en leyes en las que ha echado toda la carne en el asador”, afirmó Santos Juliá, en referencia a la fallida reforma de la legislación del aborto. “Yo creo que a la Iglesia se le da más poder del que tiene. Se ha podido sacarla del sistema educativo, pero no se hace por prudencia política. Y el Ejército no tiene capacidad de presión política, finalmente se ha civilizado”, agregó. “Una de las cosas más sorprendentes de este país han sido la evolución del Ejército y la Guardia Civil”, elogió Álvarez Junco.

Se habló de Podemos, claro, desde donde salen frecuentes andanadas contra lo gestado en la Transición. “Podemos”, dijo Juliá, “demuestra que el sistema político que viene de la Transición ofrece espacio suficiente para que surja otra alternativa”.

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