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crítica | la desaparición de eleanor rigby

La soledad escogida

Una obra de temática interesante y tratamiento irregular

Jessica Chastain y James McAvoy, en la película. pulsa en la foto
Jessica Chastain y James McAvoy, en la película.

Una canción sobre la soledad no elegida que da pie a una película sobre la soledad escogida. La paradoja parece enquistada en La desaparición de Eleanor Rigby. Primero, por su testimonial nacimiento a partir del tema de The Beatles: la protagonista se llama así porque es hija del señor Rigby, fan del grupo, sin más parecidos con la letra de McCartney salvo la soledad, y por motivos contradictorios. Segundo, porque esta película es la fusión de un proyecto del debutante Ned Benson que abarca un díptico de largometrajes con la misma historia, contados desde sendos puntos de vista: el de Ella y el de Él. Así se estrenó en Toronto 2013, pero la llegada de los Weinstein como distribuidores culminó con este filme-fusión.

LA DESAPARICIÓN DE ELEANOR RIGBY

Dirección: Ned Benson.

Intérpretes: Jessica Chastain, James McAvoy, Viola Davis, William Hurt.

Género: drama. EE UU, 2014.

Duración: 123 minutos.

El resultado es una obra de temática interesante y tratamiento irregular, que arranca con un primer tercio excelente, a la que después se le notan demasiado los vaivenes dramáticos del puzle de versiones, y que se diluye en una relamida parte final, tanto en los diálogos como en los aditamentos formales. Hasta entonces, eso sí, la película, con inmensas presencias e intérpretes, reflexiona con profundidad acerca de las motivaciones que llevan, en los primeros minutos, al intento de suicidio de la mujer; abarca la angustia de vivir y las dificultades del legado familiar, y aporta ideas interesantes en torno a la complejidad de llevar a la práctica las teorías del comportamiento de los expertos psicológicos y filosóficos. Paradoja tan irresoluble como buena parte de esta Eleanor Rigby.

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