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Amadeo de Saboya es pop

El productor Lluís Miñarro debuta como director de ficción con ‘Stella cadente’

Lluís Miñarro dirige a Bárbara Lennie, que encarna a la reina, en el rodaje de 'Stella cadente'. pulsa en la foto
Lluís Miñarro dirige a Bárbara Lennie, que encarna a la reina, en el rodaje de 'Stella cadente'.

A Amadeo de Saboya le pasó de todo en los tres años que reinó en España. Empezando porque su principal valedor, el general Prim, murió, tras ser herido en un atentado, el mismo día en que el italiano desembarcaba en Cartagena para acceder al trono, pasando por sus seis gabinetes ministeriales (incapaces de plasmar en hechos sus instrucciones), y sus enfrentamientos con la aristocracia borbónica, los carlistas, la Iglesia y, obviamente, los republicanos; y acabando en su incapacidad para aprender español. Harto, en 1873 se largó segundos antes de que le echaran.

Y sin embargo, no hay mucha información sobre un personaje tan curioso. Por eso, el productor Lluís Miñarro (Barcelona, 1959) ha aprovechado ese misterio para usar a Amadeo como protagonista de Stella cadente, su primera película de ficción como director, tras haber realizado dos documentales. “La historia de España es muy rica en situaciones y personajes, aunque muy poco explorada en nuestro cine. Mi abuela me regaló un duro de plata de Saboya, y desde entonces me interesaba este rey”. Pero Miñarro no hace una reconstrucción, sino un divertimento: su Amadeo baila música francesa de los años setenta —del siglo XX—, es vegetariano, se queja de un país en el que no hay agua caliente... Incluso podría ser que Amadeo fuera el álter ego de Miñarro, y la España de 1870, trasunto del cine de autor de 2014. “De fondo hay paralelismos con la actualidad: la crisis económica, la cerrazón de los banqueros... Y siempre hay elementos propios. Quería mezclar la comedia pop con el melodrama clásico, y que el público decida si es una ensoñación del protagonista o una película histórica”.

Un director es ‘voyeurista’; un actor, exhibicionista”

Miñarro apuesta por el trampantojo, por el juego de espejos, por el aroma a surrealismo: “Uso elementos como las joyas o los conejos para acentuar ese espíritu. No quiero respetar ningún canon”. Y acaba confesando: “La dificultad de establecer ciertas cosas en este país —en mi caso en el cine— y la opción de que si no me dejan trabajar me voy de aquí son las esencias de la película... y desde luego son autorreferenciales”.

Amadeo, encarnado por Àlex Brendemühl, pasea y observa mucho. “Àlex es un gran actor, es perfecto por su físico no latino. El auténtico rey era voyeur. Yo también soy muy curioso, es fundamental en la vida para seguir aprendiendo. Un realizador es voyeurista; un actor, exhibicionista. Y en la película, pese a sus sufrimientos, a Amadeo le gusta jugar. Explota un lado lúdico, mediterráneo, de exaltación de la belleza”.

Y mucho sexo, especialmente masculino. “Quiero normalizar y dar tanta validez en el cine actual al desnudo masculino como al femenino, mucho más común. Estoy encontrando un rechazo ante esos desnudos en algunas salas que no quieren estrenar mi filme. Por favor, es un cuerpo, estamos en la España de 2014, hay cosas que no cambian”.

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