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Crítica | Stella cadente

Me duele España

'Stella cadente' es un filme libre, desbordante de alegría creativa al servicio de la disección del poder de la España eterna

Àlex Brendemühl, en un fotograma de 'Stella cadente' de Lluís Miñarro.
Àlex Brendemühl, en un fotograma de 'Stella cadente' de Lluís Miñarro.

“¿Sabes lo que más me gusta de España? Que es como su pintura”, le confiesa María Victoria (Bárbara Lennie) a su esposo, el fugaz rey de España Amadeo de Saboya (Àlex Brendemühl), en esta película que su director Lluís Miñarro define, en sus créditos finales, como divertimento. Debut en la dirección de largos de ficción de uno de los productores clave en el paisaje de las nuevas autorías, Stella cadenteresponde a la perfección a la naturaleza del género musical en el que se inscribe metafóricamente: hay aquí un reducido grupo de instrumentos dispuestos a convertir en suite desenfadada un tema mayor, como es el perpetuo choque entre la voluntad de cambio y progreso y el voraz inmovilismo de, por un lado, el poder y, por otro, España como problema y constante. No es difícil encontrar ecos de lo que nos está pasando (aún) en lo que le pasó a un Amadeo de Saboya que Miñarro retrata como figura melancólica constantemente tentada por lo dionisíaco.

STELLA CADENTE

Dirección: Lluís Miñarro.

Intérpretes: Àlex Brendemühl, Bárbara Lennie, Francesc Orella, Lorenzo Balducci, Lola Dueñas.

Género: drama. España, 2014.

Duración: 104 minutos.

En el espléndido arranque de la película, donde se cuenta la llegada de Amadeo a España, el cineasta parece estar encerrando un suntuoso Visconti en un sintético Bresson. Y, a partir de ahí, no deja de jugar en todo el metraje, alternando preciosistas composiciones que a menudo adoptan la forma de citas pictóricas —la labor del director de fotografía Jimmy Gimferrer es sobresaliente— con eficaces salidas de tono —la canción que da la bienvenida a la reina y el posterior pase de diapositivas—, sin olvidar puntuar la libertad del conjunto con recursos expresivos tan rigurosos como eficaces —las bombas en fuera de campo—. Una película libre, desbordante de alegría creativa, al servicio de algo tan serio como la disección del poder y la impugnación de la España eterna.

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